¿Otro afiche hecho con IA?

La IA como conectora y no generadora de nuestros procesos creativos.

por Felipe Vargas

 

De seguro han visto últimamente afiches de eventos hechos con IA. Mi primera impresión fue visceral, descartando completamente lo que estaba viendo y reduciéndola a dos palabras: ¡qué horrible! Y al igual que en terapia, tuve que indagar más a fondo. Mi reacción no venía de un impulso superficial, sino que era el reflejo de algo mucho más profundo: “La IA está reemplazando mi trabajo”.

 

La conversación alrededor de las IA en las industrias creativas se ha enfocado fundamentalmente en cómo estas reemplazarán las plazas de trabajo de: diseñadores, artistas, músicos, fotógrafos.  

 

Como diseñador y comunicador, ese pensamiento ha rondado por mi cabeza durante mucho tiempo y procesarlo me ha llevado a una conclusión: pensar que la IA está reemplazando mi trabajo sí es válido. Y lo es por las siguientes razones:

 

1) Su crecimiento y uso es tan acelerado que no sabemos en qué dirección va. Para hacernos una idea, Chat GPT alcanzó 1 millón de usuarios en tan solo 5 días y para febrero de 2025 contaba con 400 millones de usuarios semanales (Insightland, 2025). Y según el Human-Centered Artificial Intelligence de la Universidad de Stanford menciona que “la adopción organizacional de las IAs alcanzó el 88%, y 4 de cada 5 estudiantes universitarios usan ahora IA generativa. 

 

2) Hay mucha incertidumbre en torno a quién las regula. Organizaciones y entidades como la UNESCO y la Unión Europea ven necesario la supervisión de estas tecnologías y han reunido esfuerzos para plantear regulaciones vinculantes con las IA, consensos globales para minimizar riesgos, creación de instituciones de seguridad especializadas, cooperación regional y enfoques para abordar marcos de responsabilidad y daños (Report on the global landscape of AI supervision, UNESCO, 2025). Sin embargo, en Latinoamérica este tipo de iniciativas, marcos regulatorios e instituciones especializadas son prácticamente inexistentes.

 

3) En la práctica vemos cada vez más productos, servicios e imágenes generados por dichas inteligencias. Solo para medir su impacto, el mercado de la inteligencia artificial generativa aplicada a las industrias creativas experimentará un aumento masivo en la próxima década, multiplicando su valor por más de doce hasta alcanzar los 21 600 millones de dólares en 2032, por ende mayor inversión (Allied Market Research, 2022); y,

 

4) porque en el diseño gran parte del valor real se esconde en el proceso creativo, mientras que la IA nos empuja a medirlo únicamente por la apariencia del resultado final.

 

Sin embargo, asumir esto como una sentencia definitiva a nuestra práctica simplifica un panorama que es profundamente complejo. Considero que para entender hacia dónde se dirigen las industrias creativas con respecto a la IA, primero habría que visualizar el terreno firme de la industria, sus áreas grises y descifrar los desafíos a los que nos enfrentamos con su crecimiento, pero también, su potencial.

1. El terreno firme para las industrias creativas

Al momento de usar la inteligencia artificial, la concebimos como una herramienta lineal: tú ingresas un prompt y aparentemente te da un resultado. Esto pasa porque, visto desde el nivel más básico, la IA usa la lógica simple para resolver problemas simples. Lo que podemos afirmar, entonces, es que algo que la inteligencia artificial no puede proporcionarse a sí misma es el contexto.

 

Desde el diseño y la comunicación es necesario entender los matices de cualquier contexto para poder plantear soluciones visuales, gráficas y comunicacionales que funcionen y generen un impacto en quien consuma tu producto, campaña, servicio o idea. Y es ahí donde existe un potencial innegable en comprender a las IA como conectoras y no generadoras de nuestros procesos creativos. Entender, dirigir, corregir e integrar sin sacrificar el componente humano.

 

2. El área gris de la situación

Y es aquí donde surge un terreno ambiguo. El crecimiento exponencial de estas inteligencias levanta preocupación en materia de derechos de autor, del uso ético ante una inminente amenaza a los recursos naturales, del reemplazo software-humano y sobre cómo se verá el futuro de las industrias creativas. Especular sobre este panorama es necesario, sin embargo, es fundamental anticipar escenarios ante la transición desregulada de las IA que está ocurriendo frente a nuestros ojos.

 

3. Entender el sistema para elegir el uso

La verdadera pregunta no es qué tan rápido avanza la tecnología, sino qué desafíos concretos estamos dispuestos a asumir como creativos para no convertirnos en espectadores de nuestros oficios. 

Lo que nos queda es reconocer que el avance acelerado de estas tecnologías se encuentra moldeando nuestro entorno, por lo que nuestra responsabilidad es entender que no son herramientas neutrales sino que forman parte de un sistema socio-económico-técnológico que se encuentra profundamente conectado con sesgos e intereses que satisfacen a ciertas estructuras de poder. 

Si me preguntan, el punto de inflexión en nuestra práctica será el cómo utilizamos estas tecnologías (o no) y considero clave que la intención es determinante. La única certeza que tenemos es que estas tecnologías seguirán cambiando, evolucionando y, con un poco de suerte, irán mejorando.

En mi caso, el diseño ha sido tan importante históricamente como el arte y la ciencia, y su expresión la vemos en todo lo que nos rodea (más allá de afiches que cubren nuestro paisaje visual). Entendamos nuestro contexto. Mantengamos viva la curiosidad. Imaginemos. Aprendamos. Y adaptémonos para seguir redefiniendo la dirección de nuestros trabajos antes de que una máquina nos diga cómo hacerlo.

 

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