Vanessa Moreno y Salomão Soares llegaron a Quito envueltos de lluvia un lunes capitalino para presentarse en el Festival Ecuador Jazz, organizado por la Fundación Teatro Nacional Sucre.
El recital arrancó con la calidez de The Claudia Martínez Jazz Project. Composición tras composición nos fueron acercando a la atmósfera de este dúo brasileño de piano y voz, que la misma Claudia confesó admirar profundamente.
El concierto de Soares y Moreno trajo la desbordante musicalidad de Brasil al palco (como llaman en portugués al escenario) del Teatro Nacional Sucre. Entre las primeras canciones, Vanessa hizo una pausa para compartir con el público algo muy propio de la geografía andina: contó que la altitud de Quito lejos de ser un obstáculo, le permitía experimentar de una forma nueva y distinta con su voz.
Al concluir su presentación, pudimos compartir esta conversación entre el español, el portugués y el portuñol que nos ayudó a acortar las distancias, en el camerino que ocuparon Salomão y Vanessa.
Daniel Amaru: Su proyecto viene desde 2019. Cuéntenme, ¿cómo surgió la idea de conformar este dúo, esta parceria (Vanessa usó ese término portugués para presentar a Salomão, como muestra de su profunda complicidad musical)? Hay una complicidad muy notoria entre ustedes en el escenario.
Vanessa: Nos conocemos hace algunos años. Salomão es de un sitio en Brasil que se llama Cruz do Espíritu Santo, en Paraíba y yo soy de São Paulo, de São Bernardo. Él se mudó para São Paulo y ya habíamos tocado juntos acompañando a otras personas, pero no solamente los dos.
Un día estábamos en un estudio de música. Él estaba tocando una música, yo empecé a cantar y el dueño del estudio nos preguntó: ¿Cuándo van a grabar eso? Le dijimos que no sabíamos, que no teníamos un proyecto, ni el dinero para hacerlo. Él nos respondió: No, ustedes sí tienen un trabajo aquí. Van a grabar y yo les regalaré este disco.
Nuestro primer trabajo (Chão De Flutuar) nació así y desde entonces, él se convirtió en una especie de patrocinador de nuestros trabajos. Desde la primera vez que tocamos juntos fuimos descubriendo que tenemos muchas cosas en común, una sintonía y una complicidad. Cuanto más tocamos juntos, más libres somos para crear.
Fotografía: Stefa Granada
Precisamente sobre eso va la siguiente pregunta ¿Cómo es escoger el repertorio para las producciones? El trabajo que presentaron el Festival Ecuador Jazz fue Outros Ventos (2025) qué reúne autores y músicas consagradas en Brasil como O Bêbado e a Equilibrista, Canto De Xangô, Drão, entre muchas otras músicas. ¿Cómo seleccionan ese repertorio?
Salomão: Los tres álbumes que nosotros tenemos (Chão De Flutuar, 2019; Yatra-Tám, 2021; y Outros Ventos, 2025) tienen la misma idea, nacen de la misma concepción: grabar obras de grandes compositores. Casi no grabamos nuestras músicas. Bueno, grabamos una música nuestra.
La idea general es muy parecida: interpretar obras de Jobim, Gilberto Gil, Milton Nascimento y de compositores no tan conocidos en Brasil, como Tânia Maria, que es una cantante y compositora genial, pero muchas personas en nuestro país aún no la conocen porque vivió muchos años en París.
La idea también era traer a estos creadores a nuestra generación para que sean descubiertos. Hay un trabajo de investigación de nuestra parte: grabamos a compositores no tan difundidos, pero también a Djavan. Buscamos una mezcla, un equilibrio en el repertorio. Los tres discos comparten la misma idea.
En entrevistas anteriores comentaban la importancia de escucharse mutuamente en el escenario, existe entre ustedes un complemento, dualidad. Durante el concierto, por ejemplo, hicieron varios temas en el que la voz de Vanessa jugaba a la par con las notas del piano. Las personas podríamos pensar que lo ensayaron, pero se percibe espacio para la improvisación.
Vanessa: Creo que tenemos una confianza. Hay un comienzo y un final definidos, pero todo lo que ocurre en el medio queda abierto para la creación sobre el escenario. Salomão siempre llega con la introducción, pero a medida que vamos tocando, muchas veces algo que puede parecer improvisado, se convierte en parte del arreglo porque pensamos: Esto es muy bueno.
También es un espacio para jugar juntos. Hoy, por ejemplo, me olvidé de algunas partes, pero él es muy sagaz: está escuchando, percibiendo y sintiendo en lugar de limitarse a hacer solo lo «correcto», pensando: yo hago mi parte y que ella cante lo que le corresponde. No, para nada.
Hoy también se me cayó el micrófono cuando él iba a hacer otra introducción para otro camino, yo percibí esa intención, se cayó mi micrófono (“¡pa!”) y él reaccionó al instante con el ritmo (“¡bra, bra, brabu ra ba!”) Todo está abierto para encontrar nuevos recorridos.
“Hay un comienzo y un final definidos, pero todo lo que ocurre en el medio queda abierto para la creación sobre el escenario”.
Salomão: Tenemos a la música que es una guía, pero no precisamos ir por el mismo recorrido, puedo ir por aquí, puedo escalar. Vamos buscando siempre nuevas formas. Siempre que estamos tocando una música, siempre estamos pensando cómo se puede hacer de una forma que la hicimos antes, cómo hacemos una nueva introducción. Vamos brincando (jugando).
Vanessa: Hoy, por ejemplo, para mí la respiración estaba distinta. Entonces siempre nos estábamos escuchando, porque depende para dónde él se va, voy a alargar más, voy más rápido, la música, la pausa. Todo esto es cómo hacer algo vivo en el escenario. La música es viva, porque nosotros cada día somos distintos.
Salomão: Cada show es único.
Vanessa: Las personas también, el público responde de una manera distinta. Entonces para este trabajo, como somos dos personas, es bueno que sea vivo.
Fotografía: Stefa Granada
Descubrí que a ti, Salomão, de niño no te gustaba el teclado y ahora brincas con él de manera increíble sobre el escenario. En tu caso, Vanessa, eres multinstrumentista, juegas con tu voz, tu corporalidad y la teatralidad.
De hecho, en el concierto bailaste y con tu voz produjiste el sonido de las castañuelas, jugando a acercarte al fado portugués. ¿Cómo fue su acercamiento personal a la música?
Salomão: Cuando era un niño, mi papá y mi mamá tocaban en casa con amigos, no eran músicos profesionales. Recuerdo que un día mi mamá fue a la capital, yo soy del interior, y me preguntó qué instrumento quería. Yo pensaba en el piano, en estar sentado, y me parecía muy chato (aburrido). Pensé: Cualquier cosa menos teclado, una batería, una guitarra.
Cuando vi que llegó con un teclado no pude decir nada más que “gracias”. Pero empecé a brincar con el teclado en el cuarto, me empezó a gustar mucho y así nació mi encanto con el teclado.
Vanessa: Yo me inicié en la música a los quince años con la guitarra. En mi casa, a mi madre le gustaba cantar, mi padre tocaba la guitarra y mi abuela amaba cantar y escuchar música; pero nadie se dedicaba a esto de manera profesional. En esa época yo escuchaba rock.
Primero vino la guitarra y después la voz; no me gustaba cantar ni me veía como cantante, simplemente tocaba mientras mi maestra cantaba en la clase. Luego le fui tomando gusto al canto, profundicé en los estudios de voz y percusión e investigué cómo usar la voz como percusión o como guitarra.
Por eso, cuando tocamos juntos tenemos ese espacio para jugar con Salomão: él no quería el teclado, quería la batería, pero toca batería desde el teclado; yo a veces quisiera ser bajista o baterista, entonces cuando estoy cantando pienso en eso, y logro con mi voz hacerlo. Eso es muy gratificante.
Fotografía: Stefa Granada
En Ecuador se escucha música brasileña, aunque tal vez no de forma masiva. Sin embargo, en el concierto ocurrió algo muy especial: aunque la gente no comprenda del todo las letras, cuando invitaste al público a cantar, nos animamos a tararear.
¿Cómo podríamos acercarnos más entre nuestros países a través de estos referentes con los que ustedes trabajan, que dialogan con la Música Popular Brasileña y el jazz?
Vannesa: Para nosotros también es muy necesario aproximarnos a la música que se hace aquí en la América, esto es vital porque compartimos muchas similitudes. Llevo poco tiempo escuchando con atención la música de este continente, porque lo que habitualmente nos llega es de Europa o de Estados Unidos.
Pero cuando escuchamos a nuestros hermanos y hermanas de aquí, nos damos cuenta de que compartimos muchas cosas, y al mismo tiempo, matices muy distintos. Esos caminos diversos son muy lindos, muy ricos.
Creo que podemos escuchar más música de la región, hay muchísima gente creando cosas nuevas y produciendo. Necesitamos intercambiar artistas, hacer más cosas juntos, más parcerias, cantar y crear en conjunto.
Eso puede ser desde el lado de la gente, pero son fundamentales las políticas públicas que faciliten e impulsen ese intercambio más fácil. Solo así nosotros podremos venir más seguido a Latinoamérica y, al mismo tiempo, en Brasil se podrá escuchar las músicas que ustedes hacen.
“Necesitamos intercambiar artistas, hacer más cosas juntos, más parcerias, cantar y crear en conjunto”.
Muchas veces la industria discográfica pulveriza la música: solo nos deja ver un fragmento de la creación brasileña, cuando en realidad hay una inmensidad, tal como sucede aquí.
La región de donde viene Salomão posee una riqueza cultural impresionante y el sur del Brasil es totalmente distinto. A veces ni los propios brasileños conocemos toda nuestra música porque a la industria comercial no le interesa difundirla. Por eso, si existen políticas culturales de intercambio y festivales que abran estas puertas, quizás sería mejor.
Fotografía: Stefa Granada