Soda Stereo se presentó en Quito el 16 de mayo de 2026, en el Coliseo General Rumiñahui. El concierto formó parte de su esperada gira internacional «Ecos».
La música de Soda Stereo ha acompañado al menos un momento en las vidas de muchas generaciones. Deben ser pocas las personas en la región que no se hayan cruzado con algún hit de la banda.
La noticia de que Soda volvía a los escenarios, con Cerati incluido más de 10 años después de su fallecimiento, mínimo causó curiosidad aun en los que no se consideran fans.
El Coliseo Rumiñahui se llenó de fans que fueron para cumplir el que parecía un sueño imposible de ver a Soda en vivo. Y también fuimos los incrédulos como yo, curiosos de ver cómo un “holograma” reemplazaría a uno de los músicos más importantes de nuestra región.
Decidí ir sin saber nada, sin ver reacciones, opiniones o vídeos de cómo era la experiencia. Fui con toda la intención de “dejarme sorprender”, aunque algo dentro de mí creía que eso no iba a pasar. Creo que lo que quería en realidad era decepcionarme.
El Coliseo estaba repleto, las luces se apagaron y la silueta de Charly Alberti subió al escenario hacia su batería. Enseguida, apareció Zeta Bosio que, entre los gritos de la gente, colgaba el bajo en su cuello. Más allá de la promesa del holograma, estábamos frente a dos leyendas vivas del rock latinoamericano.
Finalmente, una tercera silueta con un peinado que todos reconocimos al instante sube al escenario. Hace un gesto con la mano y se cuelga una guitarra. Las luces seguían apagadas, por lo que interpreté que el show todavía no comenzaba.
Hasta ahí creí que un doble de Cerati tocaría durante todo el show, mientras el “holograma” aparecería en ciertos momentos. Pero, hasta donde sé, nunca hubo un doble.
Si la idea de un holograma hecho con IA —que posee no solo la voz, sino el alma de Gustavo — suena casi mística, hay que aclarar que, en realidad, se trataba de un pedazo de pantalla que lo proyectaba con su guitarra y sus movimientos.
Era demasiado real para tratarse de una pantalla, pero al fin y al cabo, los mejores trucos suelen ser los más “sencillos”. Esa sombra, entonces, se ubicó en su posición y empezó a sonar “Ecos”, la canción que le da nombre a la gira.
El show jugó mucho con siluetas y durante las primeras canciones veíamos solo lo que las luces nos permitían y revelaban a Gustavo de a poco. La magia se creaba así, buscando que la gente como yo siga dudando de si lo que veíamos era real o no.
Ahí entendí por qué la gente salía llorando del concierto en México, los ocho sold outs del Movistar Arena en Buenos Aires y todos los llenos estadios que le siguieron a lo largo del continente.
El resto del show mantuvo la energía a tope y, aunque hubo momentos en los que sí era evidente que se trataba de un video de Cerati hecho con IA, para ese punto ya nada importaba.
El Coliseo entero saltaba y gritaba con una energía insuperable, y con razón. Cerati falleció hace más de 10 años y Soda tocó en Ecuador por última vez en el 2007 (y solo en Guayaquil). Habíamos personas que nunca tuvimos siquiera la oportunidad de escuchar ninguna de esas canciones en vivo y los que lo pudieron vivir pensaron que nunca se iba a repetir.
El “holograma” dejó de importar y nos dejamos llevar por la música, estábamos viviendo algo imposible, un sueño y debíamos actuar acorde porque en algún momento tendríamos que despertar.
Finalmente, para “De Música Ligera”, la proyección de Cerati se apagó, Charly y Zeta bajaron a tocar en la arena en medio del público.
Las pantallas mostraban vídeos de archivo de varias presentaciones de Gustavo cantando a través de los años. Un lindo gesto que festejaba a Charly y Zeta, los Sodas originales que, como nosotros, estaban viviendo el sueño de volver a tocar juntos.
Había mucho debate en redes sobre si era ético o no, que si Cerati estaría orgulloso o que si era una estafa pagar una entrada por ver un vídeo de Gustavo en una pantalla. Todas esas críticas vinieron en su mayoría de gente que no asistió al concierto y lo vivió a través de historias de instagram.
El concierto fue perfecto más allá de la ilusión. Quizás no fue lo mismo que ver a Gustavo en vida, pero fue un concierto de Soda Stereo con todas las de la ley porque el público lo decidió, se entregó y llenaron el ambiente de gritos, baile y lágrimas.