Durante mucho tiempo sentí que mi amor tenía que pedir permiso: Una carta de Sama

por Radio COCOA
La cantante y compositora Sama no le da la espalada a la fe, le habla directamente en su sencillo «Cielo» y en esta carta en la que nos entrega parte de su corazón.

Durante mucho tiempo sentí que mi amor tenía que pedir permiso. No necesariamente ante una persona específica, sino ante algo más grande: ante la idea de Dios que me enseñaron, ante la familia, ante la religión, ante las frases que una escucha desde pequeña y que se quedan viviendo en el cuerpo incluso cuando una intenta soltarlas.

Crecí escuchando que Dios era amor. Pero también crecí entendiendo que mi forma de amar podía alejarme de él. Esa contradicción me acompañó durante mucho tiempo. Porque cuando eres parte de la comunidad LGBTQ+ y creces en un entorno religioso, muchas veces el conflicto no empieza afuera. Empieza adentro. En la culpa. En el miedo. En la pregunta de si algo en ti está mal, incluso cuando lo que sientes es amor.

«Cielo» nace de esa pregunta.

¿Hay espacio para mí en el cielo?

No la escribí como una frase poética. La escribí porque durante mucho tiempo fue una duda real. Una duda que venía de haber escuchado que el amor perfecto tenía una sola forma, una sola imagen, una sola posibilidad. Y entonces, cuando mi amor no entraba ahí, aparecía la culpa.

Esta canción es un reclamo hacia Dios, pero no desde el odio. Es un reclamo desde la herida. Desde la necesidad de decirle: si tú creaste el amor, ¿por qué este amor tendría que esconderse? Si tú me creaste así, ¿qué fue lo que falló? ¿Fallé yo o falló la forma en la que me enseñaron a mirarme?

Escribir «Cielo» fue empezar a separar la fe de la culpa. Entender que muchas veces lo que una recibe como religión también viene mezclado con miedo, normas y silencios que no necesariamente tienen que ver con el amor. Fue entender que tal vez reconciliarme con Dios no significaba negar mi identidad, sino dejar de pensar que tenía que escoger entre creer y ser yo.

Hay una frase de la canción que para mí sostiene todo: el clóset se hizo para la ropa, no para esconder lo que es amar.

Esa línea salió desde un lugar muy claro. Porque esconderse puede parecer protección durante mucho tiempo. Una aprende a cambiar palabras, a medir afectos, a omitir nombres, a editar la propia historia para que no incomode. Pero llega un punto en el que esconderse también se vuelve una forma de perderse.

«Cielo» aparece en ese momento.

En el momento en el que ya no quiero pedir perdón por amar. En el que entiendo que mi amor no es una falla, no es una desviación, no es algo que deba corregirse. Es un amor verdadero. Natural. Mío.

También quería que la canción no se quedara solo en la rabia. Porque sí hay reclamo, pero también hay ternura. Hay una necesidad de volver a la calma. De imaginar una fe donde también podamos existir. Una fe que no nos pida desaparecer para merecer amor.

Por eso la canción termina en calma.

No porque todo esté resuelto, sino porque por primera vez puedo mirar mi historia sin sentir que tengo que huir de ella. Para mí, esa es la reconciliación: no tener todas las respuestas, pero sí dejar de vivir como si una parte de mí tuviera que desaparecer para que la otra pudiera ser amada.

«Cielo» es eso. Una pregunta. Un reclamo. Una oración. Una forma de volver a mí.

—SAMA

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