Mercedes Sosa le ofreció al Ecuador algo más que una cantora

por Daniel Rivera Albuja
Mercedes Sosa siempre sorprendió en su carrera y hoy lo sigue haciendo. De esto dan cuenta una serie de discos publicados con grabaciones inéditas.

Publicado originalmente en edición 401 de la Revista Cartón Piedra

Todos tenemos personas a las que admiramos, pero que vemos de lejos. Una de las mías es Mercedes Sosa, quien nunca fue ajena a la historia política y cultural de América Latina. Dueña de una de las voces más importantes del continente y del mundo, nació el 9 de julio de 1935. Convoqué, como sucedía en sus conciertos a amigos y amigas alrededor de sus recuerdos, quise regalar una grabación de un concierto de 1985 y la investigación de archivos de prensa sobre su relación con Ecuador.

Empanadas en casa de Mercedes

El guitarrista y compositor argentino Carlos Santamaría, amigo entrañable de Mercedes radicado en Ecuador, recuerda su primer encuentro en Buenos Aires, en su juventud. Julio Mahárbiz, conductor y locutor radial especializado en folclor argentino, lo había invitado a comer empanadas en casa de “unos amigos”:

Ahí llegamos donde vivía Mercedes, que era muy joven, Fabián (su hijo) tendría unos 4 o 5 años. Ella vivía con su esposo Oscar Matus que fue un gran autor, excelente músico, buen poeta. Entonces yo ahí la conocí a Mercedes, pero la verdad ni me imagine la voz que iba a encontrar. Después que almorzamos, ella empezó a cantar y fue una cosa tan maravillosa. De ahí nos hicimos amigos.

La primera visita de Mercedes Sosa a Ecuador se dio en 1975, se presentó en el Teatro Nacional Sucre y le dio a Polo Barriga, de Revista Nueva, una entrevista en la que se lee:

“Nosotros [se refiere a ella y su guitarrista] nos despedimos de Quito, nos despedimos de ustedes agradeciéndoles todo el amor que nos brindaron. No hay muchos pueblos como ustedes. Esperamos que alguna vez nos volvamos a ver en Buenos Aires, o volver por acá por Quito. Ustedes, todos los amigos de Quito, tienen ya una amiga que no tenían antes. A lo mejor nada más tenían una cantora. Pero ahora tienen una amiga”.

Afiche de 1975 del concierto de Mercedes Sosa en el Teatro Nacional Sucre. Archivo personal Daniel Rivera Albuja.

El cuadro de Guayasamín

Cuando tenía catorce años, vi a Mercedes Sosa en vivo en Quito: bailó agitando el pañuelo, tocó su bombo legüero, aluciné con sus canciones, con su fuerza; salí del concierto con más ganas de escuchar sus canciones. Santamaría relató un momento íntimo con Mercedes en esa misma visita. Había recibido una llamada de Pancho García para pedirle que convenciera a Mercedes de subir los pisos de la Casa de la Cultura para la rueda de prensa. Al final. Ella le hizo una propuesta:

─Carlitos, ¿qué tienes que hacer está noche?

─Nada Mercedes, ¿qué necesitas?

─ Te necesito para hacer un programa de televisión para recordar tiempos de antes.

─ Pero vos tenés tus músicos.

─ ¿Pero Mercedes cómo hacemos y en qué te acompañó?

─ Pero si vos sos un buen guitarrista.

─ Ya sé, no es así tampoco es que estamos en una farra. A ver, Mercedes, dime qué tema podemos hacer, agarro y saco rápidamente lo que se pueda para acompañarte.

Le dijo los temas que iban a hacer y “desde luego Gracias a la vida iba de cajón. Así fue la cosa, hicimos un programa muy lindo.”

En esa transmisión había un retrato a Mercedes Sosa pintado por Oswaldo Guayasamín, realizado en 1996 durante el Festival de Todas las voces Todas. Actualmente, este retrato se encuentra en la Fundación Guayasamín y no pudo ser entregado a Mercedes por diferentes motivos.

Santamaría recuerda su reacción:

Ella en el fondo estaba un poco contrariada porque aparte de venir a dar ese recital, vino a llevarse ese cuadro, pero como Guayasamín falleció en ese tiempo, no podía salir ninguna obra del país. No se lo pudo llevar nunca. Ella dijo: “¿Cómo pueden hacerme esto a mí?”

La última visita

En 2007, Mercedes Sosa se presentó en Cuenca y Quito. Fue condecorada por el Gobierno Nacional y en sus presentaciones invitó a artistas ecuatorianos a compartir canciones en el escenario. Patricia Rameix, del Grupo Quimera, contó que su máxima ilusión era sacarse una foto con ella, pero gracias a Ernesto “El Seco” Guerrero, la foto se transformó en cantar con ella.

La canción elegida por los organizadores fue Los Hermanos de Atahualpa Yupanqui.  En la prueba, la tonalidad de Patricia y Mercedes coincidió. Rameix recuerda su conversación en el escenario

─ ¿Estás nerviosa?

─Nerviosísima ─le dijo─. Me derrito de los nervios.

─Tranquila, pon ahí las letras ─indicaba─. No… aquí, después con la manito, acá.

Pero no se calmaba. “Entonces me cogió la mano y sentí un alivio enorme. Me emocioné cuando salí del escenario y vi la reacción del público. Mercedes era una mujer hermosa, totalmente tierna. La voz de ella representa exactamente lo que ella era como mujer,” cuenta Rameix.

El otro grupo invitado fue Pueblo Nuevo. Para ellos, el encuentro fue “como levitar”

Estábamos en el aire por la fuerza de Mercedes y eso que ya estaba en sus años más complejos, con problemas de salud. Pero fue fundamental, fue una vivencia única por toda la energía que daba. Yo creo que va a permanecer, no solo por la voz extraordinaria sino por la actitud, en nuestros recuerdos.

Las canciones elegidas fueron Solo le pido a Dios de León Gieco y Canción con todos de Armando Tejada Gómez y Cesar Isella.

Al día siguiente, en el hall del Swissotel. Fabián Matus, su hijo, manager y luego amigo mío, me invitó a conversar con ella antes de su regreso a la Argentina.

Cuando Mercedes salió del ascensor, me acerqué, con timidez y me abrazó como nunca nadie más lo ha hecho y me dijo: “Mi niño, por fin te conozco. Fabián me contó de ti, ¿qué canción te gusta? Sube, sube, le dije y empezó a cantarla. Poquito a poquito me sumé. Me abrazó y me dijo que le avisara cuando fuera a Buenos Aires. No pudimos vernos, pero yo no perdí contacto con ella y con su familia.

Un regalo especial

Mercedes Sosa en concierto, Quito, Ecuador, 1985. Fotografía: cortesía del archivo de Miguel Mora.

Mercedes Sosa siempre sorprendió en su carrera y hoy lo sigue haciendo. De esto dan cuenta una serie de discos publicados con grabaciones inéditas. Mi abuelo materno, Marco, llegó en 2018 con una caja de casetes a mi casa. Él sabe de mis intereses como melómano e investigador musical y prefirió dármelos antes que tirarlos a la basura.

Entre casetes de varios cantantes apareció uno etiquetado “Mercedes Sosa en Directo Quito 1985”.  El concierto se mencionaba en la biografía escrita por Rodolfo Braceli.

Los relatos sobre este recital toman forma desde la memoria de las personas que asistieron. En 1984 se había realizado con éxito el III Festival de la Nueva Canción en Quito. El clima político era duro, la presidencia de León Febres Cordero se instauró sobre un gobierno autoritario, militarizado y, por supuesto, bajo un constante ataque a movimientos sociales.

Según Miguel Mora: “la venida de Mercedes, Inti Illimani y otros artistas latinoamericanos─ porque siguieron viniendo a pesar de eso─, se dio en un momento complicado”.

Margarita Laso recuerda el recital:

“Ella era tan fuerte. Yo estaba sentada en las sillas, que nada pase, que nada cambie esto, que nada altere esto, para mi entrañable. Cantaba sus canciones y tenía la fantasía de que ella me iba a oír y a decirme: “¡súbete a cantar!”, y que yo iba a caminar sobre las sillas, cogiéndome de los hombritos de las personas para llegar al escenario. Era un enorme deseo de cantar canciones. Era una diosa con un potente color de voz”.

Miguel Mora recuerda que lo mágico de ese concierto era que el público cantaba a viva voz todos los temas, como una “ovación cantada”:

“Eso se escucha en la grabación. Y cuando mirabas a la gente, veías lágrimas, emoción, seguro había muchos exiliados presentes. Lo terrible es lo que sucede adentro y lo que pasaba afuera, porque afuera seguramente tendríamos una buena dotación policial, porque podía ocurrir que salieras desde ahí en manifestación…Te daban todas las ganas de hacerlo. Yo creo que eso fue: no se puede hablar de provocación en la canción, pero se pueda hablar de concientización en la canción”.

Mercedes, como sucedía en cada una de sus presentaciones, iba ampliando su repertorio: “Íbamos con la ilusión de escuchar las canciones que traía”, recuerdan Pedro Granda y Patricia Rameix del Grupo Quimera.

Margarita Laso los secunda: “Tenía este recurso de volver a cantar otro pedazo de la canción, acababa la canción y empezaba de nuevo, o sea la canción se iba contigo de cualquier manera.”

Así sucedió esa noche con Unicornio Azul. Por ejemplo, cuando terminó el tema dijo: “Acá cantamos todos, los de frente están cantando muy poco, vamos a ver: Mi unicornio azul ayer se me perdió…y puede parecer…acaso una obsesión.”

Este, es uno de los tantos momentos cumbres de un recital de 1985. Ahora comparto fragmentos guardados por años en ese casete que me llegó por casualidad, para quienes quisieran saber cómo sonaba Mercedes Sosa en vivo, o volverla a escuchar.

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