Gracias por acompañar mi caminar: Carta a Natalia Lafourcade

por Katicnina Tituaña
Este no es un recorrido por la discografía de Natalia Lafourcade previo a su presentación en Quito. Es un agradecimiento a su música que ha acompañado a distintas generaciones a crecer y madurar sin enemistarse de la ternura.

Querida Nat,

Te confieso que no he escrito muchas cartas a lo largo de mi vida. Siempre lo quiero hacer perfecto y, como sucede con el perfeccionismo, termina paralizándome. También me pasa que es un proceso muy emocional, y no siempre encuentro el lenguaje preciso para comunicar lo que el cuerpo siente y registra. Todo esto para decirte que no te dedico estas palabras a la ligera, porque de ese cúmulo de elementos y experiencias que me constituye eres parte fundamental.

Entre los recuerdos permanentes que tengo de la niñez estamos mis hermanas y yo esperando a que En el 2000 aparezca en los 10 más pedidos de MTV. Parte del ritual de diversión post escuela/colegio era aprendernos la letra y corear:

Ya no soy, ya no soy

la infantil criatura

la inocencia se acabó

Aunque de las tres yo ni siquiera alcanzaba la edad para entender del todo la letra, me contagiaba esa urgencia tuya de crecer. Eras muy chiquita cuando empezaste tu carrera, tú misma lo has señalado con asombro en varias entrevistas y me pregunto, ¿qué le dirías hoy a esa Natalia adolescente? o ¿qué crees que te diría hoy a ti ella? Solo puedo especular que la respuesta algo tendría que ver con aceptar cada faceta con lo bueno y con lo malo.

Y son tantas las facetas tuyas, Nat, que me da mucha curiosidad saber cómo te llevas con todas ellas. Una de mis favoritas es Hu-Hu-Hu. Ese disco tiene algunas de mis canciones favoritas de toda tu discografía como No Viniste o Niño Hojas.

Pero me fascina esa faceta además porque nos llevaste hasta Tokio y nos permitiste vivir a la distancia 14 días contigo y con Neto (que en paz descanse) de música, boberías, comida rara y emociones. Ahora que lo recuerdo, es chistoso porque durante el boom de los youtubers yo te veía a ti y eras mi personalidad favorita de internet.

Luego vino la creación de Mujer Divina – Homenaje a Agustín Lara, y a ese “mundo privado” también nos permitiste entrar. Ya en ese disco demostraste una madurez que muchos solo asocian con la persona que eres hoy, pero lo que admiro de esa madurez es que no se enemiga de la torpeza ni de la ternura o la rareza.

Canciones como Azul, Farolito o María Bonita me enseñaron a escuchar la música de otra manera. A prestar atención a las capas. A las texturas. A la atmósfera. A los quiebres emocionales de la voz. Qué disco más increíble, y ni qué decir de las colaboraciones que incluye: Gilberto Gil, Vicentico, Jorge Drexler, Miguel Bosé, entre otrxs grandes.

Ahora podría continuar describiendo la genialidad de los discos que nos fuiste entregando a lo largo de los años, pero esta carta no tiene la intención de ser un recorrido por tu discografía. No sólo terminaría siendo muy extensa; pero parecería un intento de justificar cuán presente has estado en mi vida y no siento la necesidad de hacerlo.

Me basta con darte las gracias. Gracias por acompañar mi caminar con tu luz cálida y por recordarme que Aunque el mundo te saluda con días lluviosos / Quedan estas noches despejadas y que Todo va a estar bien / Tú llegaste al mundo para ser feliz.

No puedo creer que solo te hayamos recibido en dos ocasiones en Ecuador. ¡¿Cómo es posible?! Hace diez años te vi en el Festival Terrasónica y lo recuerdo casi como un sueño. Tan mágico que no lo podría describir de otra forma. Te hemos extrañado mucho, Nat, y por eso la emoción de volverte a ver es desbordante. Ojalá que tú también lo sientas así.

Con mucho cariño,

Kat

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