Lo que pretendo aquí no es hablar de la carrera de A.Chal, sino de lo que me provoca la música que está creando en esta nueva etapa.
Es como ver a un primo convertido en cholstar. Desde la primera vez que lo vi en un reel —fragmento del videoclip CHUCO junto a los Mirlos y Kyfex— A.CHAL me tiene enganchada.
Para conocer al artista y la persona que lo encuerpa recomiendo leer este perfil que sacó hace poco la revista Rolling Stone en Español. Porque lo que pretendo aquí no es hablar de la carrera de A.CHAL —que es larga y con varios hitos dentro de los géneros R&B, trap y hip hop—, sino de lo que me provoca la música que está creando en esta nueva etapa.
CHUCO, PITUKO, CHOLOGANTE y CHICHAL son los temas que hasta la fecha han visto la luz de lo que será su próximo álbum, según lo ha revelado el mismo artista. La chicha, el huayno, la cumbia —fusionados con rock o un poco de dembow—, junto a elementos que dan protagonismo a las estéticas cholas, son la médula de esta nueva puesta en valor que A.CHAL ofrece y nosotrxs, el público, lo celebramos en grande.
Porque en una región en donde para muchas personas sigue siendo un alivio que el hijo, el sobrino o el nieto nazca con la piel clara y donde la exigencia del protector solar va más allá de la salud de la piel, que un artista con los rasgos de A.CHAL declare Yo soy tu morocho favorito / No soy blanco, pero te conquisto es disruptivo. Y emocionante.
En otras palabras, A.CHAL está rajando prejuicios con una creatividad afilada difícil de ignorar y que, de hecho, ha generado amplias reacciones. En aplicaciones como YouTube abundan comentarios del tipo:

Quizá porque durante décadas las discusiones sobre el colorismo, el racismo y el clasismo se han anquilosado en cuerpos teóricos, veníamos echando en falta un lenguaje corporal del disfrute, con un mensaje que, sin cargarse de términos formales o especializados, resulta poderoso.
Cada vez que A.CHAL canta Y yo, cholo elegante, sí / Y yo ando elegante así o cuando suelta Adentro y fuera de aquí / Cholazo soy sí o sí un pequeño fuego crece dentro y me siento capaz de terminar con la supremacía blanca. Así de poderoso.

Además, lo que me parece que convierte a A.CHAL en una propuesta significativa, a diferencia de otras que intentan ocupar el mainstream en nuestros países del Sur, es lo que activa. Y lo que activa no es una aspiración por aquello que no somos o no tenemos, sino por la pertenencia y la dignidad de lo que sí tenemos y sí somos.
La posibilidad de sentirnos cercanos a un hogar (físico o simbólico) con su música e identificar en sus videoclips una familiaridad con cosas tan propias de nuestra realidad genera una conexión que no es efímera, sino que perdura. Algo similar sucede con el fenómeno Milo J, y el hecho de que a ninguno parece interesarle ser excepcional, demuestra que su talento y riqueza está en lo que tienen en común con el resto.
En su libro de memorias Marrón, la escritora peruana Rocío Quillahuaman, radicada en Barcelona desde los once años, reflexiona sobre cómo en Perú el racismo y el clasismo se asimilan desde la infancia y dictan aspectos tan cotidianos como la música. Lo mismo sucede en Ecuador. Doy fe.
“Era bien sabido que la gente bien escuchaba música en inglés y la gente pobre escuchaba cumbia o reggaeton”, escribe Rocío. Distanciarse de esa música, así como de las personas que la escuchaban, fue el mecanismo con el que su madre intentaba proteger a su hijas.
“Quería huir de todo eso porque quería más para nosotras, quería algo que se le había prometido que tendríamos si se aferraba a esos prejuicios, si aspiraba a ser como los pitucos, se rechazaba a sí misma. Y esa promesa no era más que racismo y clasismo disfrazado de esperanza. […] Quería lo mejor para mí y lo mejor para mí siempre estaba muy lejos de donde estábamos. Y el problema era que daba igual dónde estuviésemos porque, en realidad, de lo que escapábamos era de nosotras mismas”.
Rocío Quillahuman habla de una experiencia tan común que entristece. Por eso tener a un artista como A.CHAL que hace música con amor y alegría “para las personas que se ven como yo” —lo dijo en esta entrevista—, es incluso sanador.
Insisto en lo poderoso de esto: hacer fuente de inspiración aquello que alguna vez fue motivo de humillación o rechazo, alimenta, de cierta manera, pequeñas revoluciones que nos conectan y humanizan profundamente. A.CHAL ha sido la mejor medicina de los últimos tiempos para aliviar el espanto de un mundo innegablemente roto. Qué ganas de que ya salga su disco. Y qué ganas de verlo el próximo 21 de agosto en el Festival Rizoma.