Cinco años a flote: Música Ocupa al servicio de la sensibilidad

por Katicnina Tituaña
La sexta edición del festival Música Ocupa va por la mitad de su agenda, arrancó el 19 de agosto y terminará el 21 de septiembre. En los cinco años que lleva organizándose, el equipo detrás ha ido acumulando recuerdos, aprendizajes y expectativas. Aquí algunas historias y detalles.

Ya son cinco años que Música Ocupa ha estado llevando la música clásica a “espacios inusuales”: mercados, hospicios, cárceles, centros de rehabilitación de adicciones, psiquiátricos, plazas. En algunos imaginarios, esos espacios y esas sinfonías no se corresponden, pero al desafiarlos, fuera de salas y teatros, la música clásica adquiere otros matices.

Acercar esa tradición musical a diversas realidades sociales, donde lo que prima no es la solemnidad, sino lo humano, es la filosofía de este festival que, hoy podemos decir, ha sobrevivido a una pandemia y a un estallido social.

Para un evento cultural gratuito en Ecuador eso supone una hazaña. No ha sido fácil, por supuesto. De hecho, ha sido tan duro que uno podría preguntarse: ¿por qué seguir manteniéndolo en el tiempo?

Bueno, al ver la programación la respuesta se responde en parte: conciertos, conversatorios, recorridos, exposiciones. Música y reflexión sucediendo al mismo tiempo: sensibilidad, a fin de cuentas, que tanto la necesitamos en estas épocas.

Música Ocupa en el Centro de Privación de Libertad de Cotopaxi. 2018. Foto: Cortesía

La sexta edición del festival va por la mitad de su agenda, arrancó el 19 de agosto y terminará el 21 de septiembre. Originalmente, sin embargo, estaba programada para realizarse en junio, exactamente en la misma semana que tomaron lugar las protestas sociales en el contexto del Paro Nacional de 2022.

Aquellos hechos ya son historia, entonces, el 90% de la programación original no pudo ejecutarse. Se cancelaron conciertos, se perdieron auspiciantes, se perdió plata. No obstante, pese a que también emocionalmente el golpe fue fuerte, “no nos quedamos de brazos cruzados, porque sabemos que el sector cultural es frágil”, comenta Simón Gangotena, violista y director de InConcerto, la fundación promotora del festival.

Entendemos a la cultura como eventos y no como procesos, medita Simón, pero “para generar un cambio en algo, en la construcción de mundos más sensibles y reflexivos, necesitas sostenerlo en el tiempo”, argumenta. Y esa es la razón fundamental por la que Música Ocupa, a pesar de todos los contratiempos y trabas, se mantiene a flote año tras año.

Para las audiencias, a veces pasa desapercibido el monumental esfuerzo que representa ejecutar un evento así, pero vale la pena tenerlo presente. En los cinco años que lleva organizándose el festival, Simón y todo el equipo a su lado han ido acumulando recuerdos, aprendizajes y expectativas. Aquí algunas historias y detalles.

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Katic Nina: ¿Cómo se adaptó Música Ocupa al contexto de la pandemia para sobrevivir?

La adaptación pasó por ahí, de cómo, como gestores culturales, logramos hacer lo que hacemos y convencer a las audiencias de que esto es importante.

Simón Gangotena: Creo que para todos la pandemia fue súper fuerte. El sector cultural artístico tuvo un impacto bien palpable. Pero, al mismo tiempo, también nos dimos cuenta del valor que tiene el arte y la cultura en nuestras sociedades desde el mismo hecho de cómo sostuvimos nuestras cuarentenas.

Nos encontrábamos en la recta final de la organización de nuestra quinta edición y pasó esto. Necesitábamos de alguna forma financiar nuestro festival e hicimos un crowdfunding que nos permitió levantar unos recursos para sostener lo que estábamos haciendo.

Toda la parte operativa del festival como tal nos tocó reinventar muy rápido, acomodándonos a la realidad que era la virtualidad en ese momento. Entonces, logramos, por un lado, generar unos productos audiovisuales siempre con nuestra filosofía de que nuestros proyectos y nuestros conciertos tengan una relación directa con la sociedad.

Asimismo, nos inventamos esto de los InSitus virtuales, como todo estaba pasando en las salas zoom, lo que hicimos fue irrumpir las salas zoom. Nos asociamos también con una iniciativa de la Sociedad Boliviana de Música de Cámara que se llamaba ‘Música para respirar’.

Ellos se inventaron esto de, a través de una llamada de WhatsApp, brindar un mini concierto a personas que necesitaban. Los músicos estábamos en turnos de 24 horas y las personas podían mandarnos un mensaje, inscribirse en un formulario muy simple y nosotros teníamos 20 minutos o media hora máximo para contactarles y darles este concierto. Entonces no perdimos la parte humana del encuentro.

Luego generamos también una de las cosas que más vida nos dio en ese momento que fueron recorridos por barrios de Quito con una plataforma móvil, un escenario móvil. Nos íbamos por muchas calles de barrios descentralizados de Quito y con esta plataforma hacíamos conciertos para las personas que estaban ahí.

Fue increíble. Después de todas las sesiones que hicimos virtualmente eso nos dio mucha vida a nosotros como colectivo, porque fue ese contacto físico después de tanto tiempo de no haber visto tanta gente. 

Entonces, por un lado, estuvo la parte de la gestión y el adaptarse a unos momentos complicados y lograr ejecutar el festival, que es lo más grande que hace la fundación InConcerto. La adaptación pasó por ahí, de cómo, como gestores culturales, logramos hacer lo que hacemos y concientizar, convencer y seducir a las audiencias de que esto es importante.

Cada edición de Música Ocupa ha tenido sus propios resultados, pero en general, ¿cuál ha sido el impacto y la respuesta de la ciudadanía?

Para nosotros el impacto es la reacción de las personas, de una, tres o cuatro mil o lo que sea, pero esas reacciones son básicas para nosotros, porque ahí es que entendemos que el arte sí puede tener incidencia y dar alivio en momentos complicados.

Cada festival ha tenido un impacto diferente, porque además abarcamos públicos diferentes, no repetimos los mismos públicos. Obviamente tenemos unos públicos consolidados que vienen siempre a nuestros conciertos, pero con estas intervenciones InSitu que te digo, siempre son diferentes.

Mercado 10 de agosto, Cuenca. Foto: Cortesía.

Estamos una vez en la cárcel, otra vez en el centro de rehabilitación de adicciones, entonces, las reacciones son siempre diversas. Y son siempre positivas. Hemos tenido un par de reacciones un poco más reticentes a lo que nosotros hacemos. “Que la música clásica es para intelectuales” y tal. Sí hemos tenido un par de esas reacciones.

Pero en la gran mayoría siempre han sido reacciones muy muy cálidas, humanas y de agradecimiento por esta acción que hacemos nosotros de llegar a los públicos y que no sean los públicos los que tienen que, de alguna manera, llegar a donde pasan las cosas.

¿Dirías que, desde el 2017 que se viene realizando Música Ocupa, se han desafiado prejuicios o concepciones que se tiene sobre la música clásica, los lugares y las personas que la escuchan?

Sí hemos roto ese estereotipo porque siempre proponemos algo que desmitifique protocolos, que desmitifique seriedad, esa solemnidad que tiene la música clásica. 

Sin duda. Ha sido un proceso muy rico. El festival tiene seis años, pero InConcerto tiene diez. Nosotros veníamos trabajando en situaciones similares antes de que el festival aparezca como la herramienta más grande que hacemos. Entonces, se ha ido construyendo nuestro discurso alrededor de eso. 

Nosotros empezamos desde una posición de clase media con acceso a educación, con acceso a herramientas, con acceso a música clásica incluso. Desde esa posición siempre pensábamos que el imaginario de la mayoría de la gente era que la música clásica es elitista y que tienes que ser intelectual para accederla, y que sí es verdad para un grupo de personas más cercano a nosotros que es la clase media.

Conciertos Al Jardín. Festival Música Ocupa 2022. Foto: Luis Tenesaca, cortesía

Ese es un imaginario que sí lo hemos ido rompiendo igual. Sí hemos roto ese estereotipo porque siempre proponemos algo que desmitifique esos protocolos, que desmitifique esa seriedad, esa solemnidad que tiene la música clásica. 

Hay este protocolo del que siempre hablamos que es el más impactante que puede tener uno. La música clásica generalmente tiene varias partes y no puedes supuestamente aplaudir entre partes, entonces, esa es una cuestión que en nuestros conciertos no pasa. Si te da ganas de aplaudir, aplaudes. A nosotros eso nos importa poco. 

Por un lado, está este grupo [clase media] que nosotros pensábamos que era la mayor parte de las personas, pero poco a poco nos fuimos dando cuenta que hay uno más: la gente que no tiene acceso realmente a estos espacios. Que no ha escuchado música clásica más que en los dibujos animados. Que no tiene construido el mismo imaginario, porque no ha tenido acceso a esa realidad. 

En esos grupos ha sido más fácil, en realidad, porque no es que hay el imaginario de que es elitista, sino que simplemente no existe el imaginario, entonces ahí es mucho más fácil conectar. Las experiencias en las cárceles, por ejemplo, han sido de las más ricas, porque hay una conexión humana a partir de un medio que es la música, que no tiene palabras, que ataca directamente a unas fibras sensibles.

La programación de este año tuvo que aplazarse, cuéntame un poco sobre eso.

Nosotros entendemos obviamente que lo que pasó con el Paro va mucho más allá de nosotros. Son situaciones muy complejas que tienen muchos matices en la sociedad. No tenemos para nada ningún resentimiento con lo que pasó con ese proceso, sería absurdo tenerlo.

Dejando esa parte a un lado, el golpe fue fortísimo. Estamos trabajando meses en el Música Ocupa con un montón de aristas de producción, de scouting de lugares, de coordinación con los músicos, de preparación de repertorio. Un montón de cosas de gestión de recursos. El rato que no se ejecuta te sientes huérfano, te sientes realmente como en un momento de luto porque algo se murió, no pasó.

Entonces, emocionalmente nos golpeó un montón, pero también económicamente. Teníamos unos auspiciantes asegurados, teníamos a los músicos internacionales ya aquí, pagados sus pasajes, su estadía, su alimentación. Al no realizarse el festival, son miles de dólares que literalmente botamos porque es plata que no va a regresar.

Fue fuerte, sin embargo, como sabemos que el sector cultural es tan frágil, no nos quedamos de brazos cruzados y dijimos: “Hay que seguir adelante”. Nos tocó obviamente empujar las fechas y cambiar casi el 90% de la programación que teníamos planificada. 

Música Ocupa. Manta, 2019. Foto: cortesía

¿Cómo se ha logrado vincular a las instituciones públicas y mantener esa relación, si es que se ha logrado?

La institución pública no ha estado vinculada continuamente con nosotros. Siempre estamos, como todos los gestores culturales, a la casa de fondos concursables, estamos a la casa de posibles financiamientos que tenga el Estado.

Hemos tenido la suerte en general de acceder a esos fondos, a partir de convocatorias abiertas y fondos concursables. Por ese lado es que hemos tenido el apoyo institucional.

Sin embargo, una de las instituciones del gobierno local que ha estado muy presente en nuestros procesos es el Instituto Metropolitano de Patrimonio. La directora actual, Angélica Arias, entiende el patrimonio como algo mucho más amplio que solamente el tener los edificios y las casas patrimoniales en buen estado. Entiende al patrimonio como algo vivo, cambiante y piensa que nuestro festival puede aportar en eso.

Foto: Luis Tenesaca, cortesía

Entonces, también es coincidencia que haya una persona en un puesto así que ha creído en este proceso. Pero desde lo público no hay un financiamiento preestablecido para nosotros, siempre son estos picoteos que uno tiene que dar para lograr el financiamiento.

Este año, además, es una pena porque de repente algo muy importante que se había consolidado para los festivales que eran unos fondos específicos, de repente, ya no existen. Desde el año pasado ya no existen fondos para festivales y eso es muy grave en realidad. No entendemos por qué pasó, pero es muy grave, porque, de nuevo, los festivales son un espacio súper necesario e importante para la ciudad.

Por último, ¿cómo definirías a la música clásica hoy en el siglo XXI y cómo ha ido adaptándose a las transformaciones sociales?

En general, es una manifestación artística que no dialoga con el contexto actual, que tiene unas prácticas que se han mantenido por muchos años que han hecho que se vaya separando de realidades sociales y que entra en este espacio más elitista.

Un solo tipo de grupo de personas es el que tiene acceso a esto, eso pasa en el Ecuador, pero pasa también tal vez en menor escala en otros espacios, pero pasa. Sin embargo, yo e InConcerto pensamos que la música clásica tiene valor porque guarda una memoria única.

Las manifestaciones artísticas tienen eso; cada una guarda un tipo de memoria diferente. La música clásica guarda, de una manera muy particular, una partitura, una carta escrita por un compositor hace 300 años que te llega directamente a ti. Tú la tienes en tus manos tal cual la escribió Mozart.

La música al final es el resultado de la historia, del contexto político, del momento emocional del compositor, de un momento y espacio particular en la geografía mundial. Es algo que nos puede conectar humanamente de una manera que otras cosas no pueden. No digo que sea mejor o peor, simplemente es diferente y, en ese sentido, nosotros creemos que puede ayudar a la sensibilización global.

Otro punto importante es que pensamos que la música clásica está muerta, pero no lo está, se sigue escribiendo. El término clásico es algo que no identifica realmente a todo lo que significa este mundo de la tradición escrita de la música. La música de tradición, que es esta música que la conocemos como clásica, es mucho más amplia. Ahora mismo se la sigue escribiendo y sigue evolucionando.

Entonces, es también desmitificar eso, que es algo descontextualizado, que está fuera de nuestro ahora, porque se sigue escribiendo, se sigue adaptando al ahora, metiendo cuestiones tradiciones de la música popular, etc. Siempre está mutando y respondiendo al contexto específico del ahora.

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Yo, supongo que como muchas otras personas de clase media con acceso a la educación, la tecnología y la información, me había formado la idea en la cabeza de que la música clásica no era para mí o para mi disfrute o para mi goce intelectual.

Aún con la posibilidad de acceder fácilmente a la música clásica con un clic —a cualquier tipo de música, en realidad—, creía que ese universo musical no me pertenecía o que solo le pertenecía a una parte de la población a la que siento geográfica, económica y culturalmente distante.

Por lo tanto, no le había dado espacio en mi vida. Ahora sé que me estaba perdiendo de mucho y que sí es para mí, para cualquiera que esté dispuesto a sentirla. Esperemos que, con cada nueva edición, Música Ocupa gane nuevos seguidores y que nos encontremos diversos y sensibles en lugares inusuales.

Busca a Música Ocupa en las redes sociales para no perderte lo que queda de su sexta edición o visita su página web para ver toda la programación.

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