“Brutalidad”, la primera obra del grupo “Teatro Mestizo” se estrenó el 10 de noviembre en el Teatro Malayerba. Escrita y dirigida por José Ignacio de Vries, tendrá funciones el 17, 18 y 19 de noviembre.
“Matar es fácil Gordon: Un día te despiertas y la sangre en tu cuerpo está reemplazada por aire caliente”. De esta manera comienza Brutalidad, la primera obra del grupo Teatro Mestizo, estrenada en el Teatro Malayerba el 10 de noviembre, escrita y dirigida por José Ignacio de Vries.
Esta puesta en escena nos muestra el día a día de tres nuevas trabajadoras del flamante restaurante de comida rápida Chester’s Cheese Chateau. A través de los ojos de nuestras protagonistas experimentaremos las alegrías, tristezas y brutalidades que acompañan su trabajo.
Foto: David Espinoza
Más preguntas que certezas
Los primeros elementos que saltan a la vista al momento de analizar la obra son: el gran trabajo del elenco coral y el lenguaje dramático que maneja el dramaturgo. Respecta a lo primero, es importante destacar la excelente selección de los actores, a nivel físico y actoral. Respecto a lo dramático, la obra está construida de tal manera que el viaje de los personajes nos deja con más preguntas que certezas.
Quizás la primera gran pregunta que uno se hace al ver esta obra es: ¿dónde calza la “brutalidad” en esta comedia sobre tres muchachas que trabajan en un alegre restaurante de comida rápida? Esta pregunta se responde casi inmediatamente al observar las diferentes maneras en las que el colorido mundo corporativo y eficiente del Chester’s Cheese Chateau las doblega y oprime.
Esto resume de forma bastante contundente el discurso de la obra donde la brutalidad se muestra a través de contradicciones que refuerzan los diferentes sistemas de opresión.
La primera contradicción es muy clara y es la que ya he mencionado antes: el restaurante donde las protagonistas trabajan es un lugar colorido, amigable a la vista y familiar. A pesar de todas esas características, abusa de ellas y las consume poco a poco. Mientras tanto, la gerencia del restaurante se aprovecha de su condición de mujeres pobres y migrantes.
Foto: David Espinoza
Dónde, quién y cómo ejerce el poder
Brutalidad representa a un tipo de trabajo muy mal pagado que hace uso del “ponerse la camiseta” para justificar la explotación laboral. Conforme avanza la obra nos percatamos que estas mujeres no quieren estar ahí, lo hacen porque no les queda otra opción. Incluso la aparición de una cuarta trabajadora veterana que ha trabajado en el local bastante tiempo está hecho de tal forma que los espectadores y los mismos personajes entiendan cuál es el futuro al cual se acercan.
A partir de todo lo mencionado, acompañada de la puesta en escena y los diversos personajes, entendemos que Brutalidad habla principalmente sobre el poder: desde dónde se ejerce, quién lo ejerce, de qué manera y, por supuesto, cuáles son las formas de resistencia que encuentran los personajes para poder combatirlo.
Dentro del Chester’s Cheese Chateau podemos observar estas diversas formas de resistencia a la brutalidad del ambiente. La empatía y la solidaridad resultan la mejor manera en la que las trabajadoras del restaurante encuentran apoyo y compañía durante su larga y dura travesía. Incluso las actitudes desleales y arribistas obtienen reacciones negativas de los espectadores y el resto de los personajes.
Uno de los elementos donde sobresale la obra es en el tratamiento de los diálogos. Ninguna conversación se siente demás, cada uno de los personajes tiene una forma de hablar distinta y el diálogo moviliza la historia.
Además, el dramaturgo construye cada uno de los personajes de manera que apoyen o desafíen las debilidades y fortalezas del otro. Por esta razón, sentimos a cada uno de ellos como parte importante y esencial de la historia. La obra también está construida a partir de dos historias paralelas que, temática y dramáticamente, se entrelazan alrededor del discurso principal.
Foto: David Espinoza
La incomodidad de la risa
Brutalidad es una comedia oscura y está plagada de momentos construidos para causar risa. Sin embargo, la risa va transformándose en incomodidad. De esta manera, la obra nos enfrenta con nosotros mismos y nos obliga a cuestionarnos sobre nuestro propio rol ante situaciones similares. La pasividad es el principal cómplice de la opresión y esto no solo se refleja en la escena, sino en el público que la observa.
El dramaturgo hace un gran trabajo en involucrarnos como audiencia para sacarnos de ese rol pasivo. Por lo tanto, podemos entender que la manera en la que Brutalidad está escrita y montada cumple, de cierta manera, un rol distanciador: nos obliga a replantearnos nuestras acciones.
Estoy seguro que la gran mayoría de gente saldrá del espectáculo preguntándose: ¿De qué me río y porqué? Así, probablemente la respuesta a la que llegarán sea lo que le da nombre a la obra.
Las últimas funciones tendrán lugar el 17, 18 y 19 de noviembre, en la Casa de Teatro Malayerba. Más información, reservas y contacto: Daniela Rivadeneira 0959557725


