Cubo Blanco

Toda el agua de un río

By Radio COCOA

July 16, 2026

“Toda el agua de un río” es una exposición del artista ecuatoriano Byron Toledo que se presentó en la Galería Tiger Strike Asteroids NY entre el 6 de junio y el 12 de julio.

Texto por Eduardo Carrera

La exposición toma como punto de partida el río Machángara, que atraviesa Quito, ciudad natal del artista. Más que una entidad natural estática, emerge aquí como un cuerpo en constante transformación, modelado por procesos de extracción, desecho y regeneración. Como ocurre con muchos ríos en contextos metropolitanos, sus aguas nacen limpias y se contaminan gradualmente a medida que absorben los residuos y excesos materiales del entorno construido. En este marco, Byron Toledo recorre su cuenca, atendiendo tanto a las formas de vida que sostiene como a las contradicciones sociales y ambientales que revela.

En este paisaje, las dinámicas de lo urbano y lo rural se entrecruzan para producir narrativas estratificadas, marcadas por las tensiones entre procesos ecológicos y sociales. El cauce emerge como síntoma de estas dinámicas y como espacio de persistencia, sosteniendo una compleja red de vida humana y no humana. El agua circula entre plantas, rocas y quebradas, desplazándose entre la superficie y los flujos subterráneos mientras atraviesa las fracturas del territorio.

En Ecuador, donde la Constitución de 2008 reconoce a la naturaleza como sujeto de derechos, el Machángara ha adquirido una relevancia particular dentro de los debates sobre ecología y justicia ambiental. En este contexto, deja de ser concebido únicamente como un recurso hídrico o un elemento del paisaje para entenderse como una entidad con valor intrínseco, cuya existencia demanda relaciones de cuidado, reparación y coexistencia. Así, se configura como una entidad político-ecológica atravesada por las tensiones entre la vida silvestre, la contaminación y la intervención humana.

Fotografía: cortesía

En la muestra, el Machángara es abordado como una presencia viva. Sus sedimentos, sonidos, olores y texturas se ensamblan en objetos que evocan memoria, conocimiento y formas alternativas de habitar. La cerámica constituye el principal medio a través del cual estos registros sensoriales y ecológicos son traducidos e incorporados, inscribiendo huellas del sistema fluvial en forma escultórica.

Para Toledo, trabajar desde el río implica entrar en diálogo con sus ritmos, residuos y fluctuaciones, de modo que la obra no se produce únicamente en el estudio-taller, sino en la intersección entre práctica artística y cuenca fluvial. En este desplazamiento, el taller deja de funcionar como un espacio cerrado de creación y la práctica se expande hacia un campo de relaciones atravesado por dinámicas atmosféricas y sensoriales que exceden el control del artista.

La relación de la arcilla con Ecuador y América Latina se remonta a tiempos precoloniales, cuando estaba vinculada a saberes indígenas, prácticas rituales y formas de organización de la vida cotidiana. Lejos de ser un medio exclusivamente utilitario, funcionaba como una tecnología de mediación entre seres vivos, territorios y cosmologías, articulando relaciones sensibles con el entorno a través de objetos que condensaban memoria, uso y ritualidad.

Esa dimensión relacional se prolonga en la propuesta expositiva de Toledo, que amplía el campo de la cerámica hacia una condición transmedial. El objeto deja de operar como una forma cerrada o acabada para convertirse en un dispositivo sensorial y ecológico. Mediante la incorporación de sonido, olor y restos orgánicos, la arcilla actúa como un soporte activo que libera sus componentes en el espacio. Las obras expuestas se sitúan así en un umbral entre forma y proceso, en el que el material se convierte en interfaz entre fuerzas ambientales en constante circulación.

Fotografía: cortesía

Zarihuella (2025), un roedor inspirado en una especie nativa de los ecosistemas andinos. La pieza forma parte de la serie Animales de quebrada, que traduce la fauna del Machángara al lenguaje escultórico. Muchas de estas especies —como reptiles y aves— conservan un valor simbólico y espiritual para las comunidades locales, incluso cuando enfrentan una creciente vulnerabilidad derivada de la alteración de sus hábitats.

En Inventario Cascada (2025), la pieza funciona como un soporte que incorpora fragmentos del ecosistema fluvial en su superficie. Se presenta enmarcada por una estructura tallada en madera de pino, proveniente de un bosque cercano. Sus relieves registran un microcosmos en el que hojas, flores y rocas trazan los contornos de un lugar específico. El objeto puede entenderse como un mapa sensorial donde el río no aparece como representación, sino como huella.

En Paisaje 1 (2025), el objeto adopta una forma orgánica y biomórfica que evoca simultáneamente lo corporal, lo vegetal y lo geológico. Como difusor de aromas, libera olores —sus aguas, hierbas y elementos del entorno— para construir un paisaje olfativo. En el borde de la pieza, una figura humana adopta una postura contemplativa que sugiere el devenir de este paisaje en materialidad y aroma.

En este marco, la cerámica puede pensarse como una superficie que contiene y prolonga al río. La arcilla, como sedimento de origen hídrico, mantiene una relación directa con los procesos de erosión, acumulación y depósito que configuran el cauce. Lejos de ser hermética, absorbe humedad, retiene huellas y se modifica con el contacto. Tanto el curso fluvial como estas piezas organizan formas a partir de vacíos y desplazamientos, donde quedan inscritos los rastros de su propio devenir.

El conjunto de obras surge de una relación afectiva compleja con el Machángara —entre atracción, incomodidad y familiaridad—. La muestra reúne aproximadamente diez piezas que incorporan aromas destilados de plantas, grabaciones del agua en movimiento a través del tejido urbano e inventarios de hojas y flores recolectadas, activando el sistema fluvial dentro del espacio expositivo. Más que representar el río, la propuesta lo plantea como una fuerza que se manifiesta en quienes lo atraviesan, revelando las condiciones a través de las cuales participamos de sus transformaciones.

Fotografía: cortesía

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Eduardo Carrera es curador, historiador del arte y escritor ecuatoriano radicado en Filadelfia. Es candidato a doctor en Historia del Arte por la Universidad de Pensilvania y becario James D. McDonough en Historia del Arte Queer. Desde 2021 ha colaborado con Wrightwood 659 en Chicago, primero como investigador asociado de The First Homosexuals: The Birth of a New Identity, 1869–1939, contribuyendo con investigación sobre América Latina, y desde abril de 2025 como curador asociado de Dispossessions in the Americas.