‘Se nos hacen agua los helados’, un sobrecogedor documental que tiene a los glaciares ecuatorianos como protagonistas de una historia irremediable.
Más de un año después del lanzamiento de La vida de un río, un documental que provocó impresiones por exponer una vergonzosa realidad quiteña y sus consecuencias más allá de la ciudad, Jorge Anhalzer y Naia Andrade Hoeneisen presentaron en septiembre Se nos hacen agua los helados. Este nuevo y sobrecogedor documental tiene a los glaciares ecuatorianos como protagonistas de una historia irremediable.
Con la apacible y característica narración de Anhalzer (fotógrafo, piloto y montañista), el documental presenta el problema de golpe, o como mejor se expresa en kichwa: el llaki, palabra que se usa para designar tanto el conflicto como la pena.
“Las montañas de nuestra tierra, que nos alegran el paisaje y a veces entristecen nuestra música, están cambiando rápidamente. Cada vez son menos blancas y más ocres. Se acercan en alma y color al páramo que las rodea. Se nos están alterando los glaciares y todas las tierras altas”, nos advierte el narrador.
Nuestros ojos, acostumbrados a ver el horror a diario a través de las pantallas y en las propias calles, quizá no interpretan la progresiva alteración del paisaje andino como un desastre, pero de facto, lo es. Lento y, sin embargo, irremediable, y no puede desligarse de otros síntomas sociales, pues a fin de cuentas ser humano y naturaleza son uno mismo.
Se nos hacen agua los helados explica el llaki que atraviesan nuestros glaciares con los datos duros para las mentes más positivistas que todo lo analizan desde la lógica científica. Sin embargo, para quienes creemos en el misticismo del universo como preservación de la sensibilidad, también aparecen esos relatos que activan las emociones. “Los cerros no son solo pura roca y hielo, sino que tienen alma, personalidad y hasta pinta”, dice Anhalzer.
En los primeros 18 minutos del documental conocemos la personalidad de algunos cerros (o apus en kichwa) y sus historias más íntimas: Ilinizas, Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo, Cotacachi, Imbabura. “La mitología es una manera trascendental de ver los andes”, reflexiona el montañista.
¿Cómo es que esas montañas soberanas que fueron veneradas por nuestros ancestros (al menos los míos) hoy guardan microplásticos en sus nieves? ¿Por qué sus glaciares hoy se desangran al ritmo irrefrenable que, de aquí en 30 años, desaparecerán?
Durante milenios, el dióxido de carbono atmosférico nunca había sobrepasado la línea que marca los 300 ppm del gas. “Pero es tremendo el brinco que da en la actualidad. Semejante incremento de C02 tiene que tener una consecuencia”.
¿Cuál es esa consecuencia? Que la capa de gases de efecto invernadero, que ha funcionado como una sábana procurando la temperatura óptima para la vida, hoy se asemeja más a una gruesa cobija que concentra calor y que está alterando el sistema climático. Un sistema que ya no sabemos cómo manejarlo.
Chiles, Cotacachi, Saraurku, Sincholagua, Quilindaña, Carihuairazo, Tungurahua, Sangay y Soroche son los cerros que han perdido sus nieves solo a lo largo de los 66 años de vida del documentalista. Me pregunto, ¿cuáles me tocará ver desaparecer a mis 66?
¿Qué podemos hacer? Para frenar el derretimiento de los glaciares, poco o nada. Para evitar el maltrato continuo al medio ambiente, algunas acciones individuales, menciona Jorge hacia el final del documental: más bicicleta, más gradas, menos fotos en la nube, menos viajes, menos inteligencia artificial. Una respuesta que, sin embargo, ya no satisface.
“Ojalá las autoridades tengan tiempo para verlo [el documental] y reaccionen positivamente” comenta un usuario de YouTube. ¿Qué reacción positiva tendrá en mente este ingenuo usuario? Si las autoridades están más preocupadas por garantizar su propia riqueza a costa de la destrucción de nuestros ecosistemas costeros, andinos y amazónicos, y que ahora mismo amenazan con arrebatarle derechos a la naturaleza y a los pueblos que la han conservado.
La unión hace la fuerza, dice la frase popular, y hoy más que nunca mi fe está en las acciones colectivas, en esa fuerza que se organiza para señalar y rechazar a los más poderosos que son también los principales responsables de este hatun llaki (desastre).
Mira el documental completo: