MTV, el canal de cable que cambió la historia de la música y la cultura visual, morirá el 1 de enero de 2026.
Bueno, la verdad es que MTV murió mucho antes, cuando la música y la innovación dejaron de estar en el centro de su identidad. Pero para quienes crecimos en el Ecuador de los noventas y tuvimos el privilegio de acceder a la tele por cable, o por un misterioso lapso de tiempo incluso sin cable, la presencia de MTV Latinoamérica fue una ventana a la cultura alternativa.
La idea de una transmisión continua de videos musicales fue revolucionaria. Sí, los videos nacieron para vender discos, merch o conciertos, pero también abrieron un espacio inédito para la experimentación visual que encontró en la música su musa, y en el video, su laboratorio.
Los videos musicales podían ser obras majestuosas tipo Hollywood o podían ser hechos con pocos recursos y en formatos caseros. No importaba el presupuesto; lo que importaba era la creatividad y la autenticidad.
En los 90 la premisa no era seguir convenciones, lo importante era sorprender. Y MTV se volvió una fábrica de sorpresas. Una explosión de narrativas, estilos y estéticas que marcaron a toda una generación.
Varios de esos videos fueron la puerta de entrada a un universo de artistas y estéticas. Y no, no porque fueran perfectos, sino porque eran transgresores. Algunos te fascinaban; otros te golpeaban como un puñete en la cara. Pero casi ninguno te dejaba indiferente.
Los 90 de MTV también vinieron acompañados de series animadas muy rebeldes, experimentales y hasta contraculturales como Beavis & Butthead – ampliamente superada por su spin off Daria — AEon Flux, The Max, The Head y Celebrity Deathmatch.
MTV Latinoamérica nació bajo el lema “think global, act local”
No solo eran las series, entre programas o videos pasaban cortos animados de su icónico LOGO (los MTV IDs) encargados a docenas de animadores independientes, cineastas experimentales y estudios de diseño como Bill Plymton, PES o Colossal Pictures.
MTV Latinoamérica, específicamente, nació bajo el lema “think global, act local”. Para los países Latinos, esta transmisión regional articulada por nueva música en Español —las versiones sudacas del español— vio la luz en 1993 y en poco tiempo generó un sentido de escena regional. La cadena fue la plataforma para actos del extremo norte al extremo sur de las Américas de habla hispana.
Claro que países como México y Argentina tuvieron muchísima más representación que países más pequeños como Ecuador o Perú, incluso Colombia, pero hay varios factores que no tienen que ver con MTV o el tamaño de la población de los países que contribuyeron a eso.
Ver bandas en nuestro idioma junto a actos anglosajones fue revolucionario. Proyectos como Café Tacvba, Soda Stereo o Los Tres se volvieron fenómenos regionales. Actos más under o incorrectos —A.N.I.M.A.L., Sepultura, Illya Kuryaki, Molotov— también tuvieron una apertura que era imposible de ver en la televisión convencional.
MTV LATAM también introdujo una figura casi mítica: el VJ, esa mezcla entre DJ, curador y amigo melómano que te presentaba música, explicaba por qué era bacana, o entrevistaba directamente a tus artistas favoritos.
Definitivamente una forma de descubrir música más humana y sofisticada que las recomendaciones matemáticas que da un algoritmo cuando arma playlists. (Un saludo para Ruth, Arturo y, especialmente para Alfredo Lewin, el doctor rock, que sigue muy activo haciendo radio y podcasts desde Chile.)
A finales de esa misma década, empieza la decadencia del medio, cuando fue tomando un giro cada vez más orientado hacia sonidos comerciales “radio friendly” y reality shows. Este proceso se prolongó por algunos años hasta que los realities, cada vez de peor calidad, terminaron por desplazar casi que completamente a la música.
Lo que queda no es más que un fantasma
Lo que antes fue una suerte de laboratorio creativo, se convirtió en una fábrica de telebasura y en una cadena zombi alimentada por la nostalgia de su propio pasado.
“Crónica de una muerte anunciada”, MTV interrumpirá su señal televisiva desde el primero de enero del 2026. De hecho, sorprende que les haya tomado tanto tiempo.
Como productora, varios de sus contenidos seguirán disponibles en servicios de streaming como Paramount, pero lo que queda no es más que un fantasma de lo que algún día fue. ¿Qué nos dice todo esto?
Que la innovación, la punta de lanza de la cultura, definitivamente no puede ir de la mano por mucho tiempo con los esquemas comerciales de los medios masivos. Los mejores años de MTV fueron la excepción que confirma la regla. Una muestra más de que los intereses mercantiles de la industria eventualmente se vuelven incompatibles con la autenticidad.
Nos enseña también que la cultura siempre se está moviendo, que las generaciones cambian y que cuando el ímpetu de renovarse y de hacer apuestas arriesgadas se desgasta, solo queda un afán mediocre de repetir las fórmulas de lo viral.
El resultado: la extinción.
Ahora está pasando con la televisión, ¿será que algún día va a pasar con las redes sociales y las plataformas de streaming?