Es el décimo disco de Pedro Bonfim y el sexto de Lolabúm; el último de ellos todavía está buscando sus palabras correctas y en esta entrevista con Bonfim leerán sus primeros encuentros. Algunos de ellos, con fantasmas.
Es una noche de septiembre en algún punto de la frontera entre Quito y Sangolquí. Es un día complicado, tengo el corazón hecho chicharra: ruidoso y diminuto. Viajo en un Vingala (la línea de buses más segura para volver a mi casa) que está lleno porque es el último del día.
Es tarde.
Me llega un mensaje de Pedro Bonfim por WhatsApp. Pregunta si quiero escuchar ya el disco o esperar a que salga. Le respondo con honestidad mi situación y le pido que me envíe el link: tengo un viaje largo, no solo con el bus, sino conmigo. También me pide que no lo filtre.
—Voy a saber si lo haces —me dice.
Nunca lo sabrá.
Escucho el disco y, en la novena canción, -593, roban en el bus en el que voy. Desde ese momento, el disco es especial.
La memoria de un phantasma
Durante una conversación de dos horas que sucede dos semanas después del acontecimiento del bus, Pedro Bonfim me habla sobre Phantasma, uno de los diminutivos (no) oficiales de SE BUSCA PHANTASMA DE BUENA PRESENCIA PARA PUESTO A TIEMPO COMPLETO EN LATINOAMÉRICA
Su último disco de Lolabúm es lanzado el 15 de septiembre de 2026, una fecha que, gracias a Marx Corella y su investigación en el calendario, también data como el Día de la Democracia en Ecuador. Irónicamente, esta fecha también fue la misma del inicio de un nuevo estado de excepción en el país.
La charla, que en ciertos momentos se vuelve una terapia, atraviesa el disco: canción por canción, pero también se va del camino para hablar de amor, fama, personas anónimas y, sobre todo, fantasmas o, bueno: phantasmas.
Antes de hablar del álbum, hay que hablar del Grupo Phantasma, una agrupación ecuatoriana de los años setenta de la que Pedro tomó numerosas referencias para este nuevo disco. También adquirió su discografía. “Fabiolita Paz (exfuncionaria de FADISA ) y su esposo me vendieron el catálogo”, cuenta Pedro, quien bromea diciendo que la compra llegó en un link de WeTransfer. En ella también estaban los discos de Hermanos Diablo.
El Grupo Phantasma fue una banda surgida durante el boom petrolero. De hecho, sus integrantes eran trabajadores vinculados a ese sector. En sus canciones simulaban cantar con acento inglés para despertar un mayor interés en el público. Al subir al escenario, se disfrazaban de fantasmas y sus identidades desaparecían. Ellos eran Julio Cármenes, Ricardo Terán, Hugo Núñez, Hernán Soto y Carmen Grijalva.
Pedro desarrolló este pequeño contexto en un video que publicó en su perfil de TikTok.
Lolabúm por sexta vez
La nueva música de la banda, ahora presentada a dúo por Martín Erazo (Techo) y Pedro Bonfim, no nace en un sitio exacto. Parte del Pacífico y los escapes. Nace de Bogotá y el pasado.
Pedro atiende esta conversación en su casa en Bogotá.
—Hay cosas viejas en el disco —dice para empezar—. Siempre que sale un disco me quedo pensando sobre qué estaba pasando en mi vida cuando estaba en ese momento. El disco original dio muchas vueltas. El relato que hemos hecho está más centrado en la grabación, pero no en el proceso entero de él. Desde el 2022, yo tenía algunas ideas, como El Enemigo, que es una canción de ese año, e igual Novedades Ecuatorianas, que es de noviembre del 2022.
—Más o menos en el 2024, antes del Estéreo Picnic, el Techo y yo tuvimos un periodo en el que solo queríamos hacer el disco. Estábamos muy con esas ganas, luego comenzamos a tocar más y nos distrajimos. También tuve que grabar Corazón de Guagua y paramos un buen rato.
En abril de 2025, Lolabúm se reúne nuevamente para componer. De ese espacio surgen nuevas canciones. Dice que aprecia ese momento de creación, que admite no fue parecido a Muchachito Roto:
—En ese disco el proceso fue más solitario. No hubo mucha participación de nadie más y eso me entristeció un poco.
Volviendo a Phantasma, Pedro define su esencia como las reacciones que él y Techo tuvieron al irse a vivir a Bogotá. Afirma que “esa fue la verdadera génesis del disco, son las primeras impresiones de esta ciudad”.
Según me cuenta, lo que escuchamos no tuvo siempre la forma final.
—Sin joderte, hay tres o cuatro versiones diferentes con otras canciones que hicimos durante el proceso. Es loco cómo al final uno elige cuál es el disco que quiere sacar, no el que hizo.
Hay dos temas iniciales que abordé con él. Uno es el encierro de diciembre a enero que realizó en Bogotá y, el segundo, la participación de Yaima Cat (Alan Mc Donnel) en la producción, quien, por decirlo de alguna forma, hizo sudar a la banda para mejorar el producto final desde el momento en que fue entregado.
Sobre el trabajo con Alan, Pedro cuenta:
—Yo le mostré el disco acabado, básicamente, que es lo que he tendido a hacer siempre con los discos de Lola cuando se lo llevo al productor. Es una mala práctica y ahora la reconozco. Por muchos años sentía que le estaba ahorrando trabajo al productor. Y esto es porque me sentía mal de no tener plata o de pronto no estar ofreciendo un trato tan bueno.
Dice que, cuando lo entregó, creyó que la historia acabaría ahí, pero Alan le propuso hacer más canciones.
—En mi arrogancia le dije algo como: “Bueno, voy a hacer un par más como para considerarlas y de pronto sale alguna buena, pero yo creo que el disco ya está”.
Pedro se dio cuenta de que Alan hablaba en serio cuando exigía más canciones. La banda entregaba cinco y él pedía más. Dice:
—En ese momento estaba muy claro que iba a tener que dedicarle un tiempo solo a eso. Estábamos tocando mucho, nos fuimos a Perú en noviembre, a Cuenca… y yo decidí quedarme en esas fechas, diciembre, porque eran las únicas que iba a tener en la vida.
A finales de 2025, Pedro se encierra a solas en su casa de Bogotá, dos días después de su último toque ese año: la apertura del concierto de Pedro Aznar en el Teatro Nacional Sucre, en Quito. A su llegada, cuenta que “estaba muy tocado”, cansado de la exposición pública y de decir cosas en los conciertos para que queden grabadas, las suban a redes y lo insulten.
—Lo entiendo, está bien, pero al mismo tiempo dije como: “Yo no soy un orador, yo soy un músico. Lo que yo hago son canciones”. Entonces, llegué con esa mentalidad y también me acordaba mucho de lo que me dijo Pedro (Aznar), sobre cómo él valoraba mucho mi valentía de hablar de temas políticos. O sea, él, siendo el bajista de Charly García, eso me resonó y me dije que tenía que pensar en mejores maneras de decir esto. Llegué a componer con eso en la cabeza. El 24 de diciembre me quedé solo en casa y, desde ese primer día, tuve la mentalidad de que debía valer la pena estar solo en esta ciudad tan dura en estas fechas.
Probó muchos métodos de composición. La grabación le surgía de la nada:
—Ponía un micrófono, ponía a grabar y tocaba 40 minutos seguidos cosas completamente nuevas. Lo integré mucho en mi rutina. Estaba solo, componiendo, mientras cocinaba y esperaba que se haga el arroz, me iba y hacía una canción en ese tiempo. Me tomaba un té, lo hacía. Como que no sea esta cosa apoteósica, más bien como una cosa simple, al hacer un dibujo, sentarse un ratito con un esfero y rayar una hoja. No todas tienen que ser las obras maestras de este siglo. Entonces, ese fue un periodo para estar haciendo eso todos los días, sin mucho contacto con nadie tampoco.
Esta etapa, que duró hasta enero, dice que lo dejó un poco loco:
—De ese periodo de tiempo salió Me despierto en Kito, Tócame y Ruido. En los primeros días no me salieron muchas cosas, fue un poco árido, salían algunas pero medio equis. Me acuerdo que el primero de enero, ¿o fue el dos?, me dije: “Listo, estoy a punto de hacer la primera canción del año”. ¡Y trin! Salió Me despierto en Kito. Cinco días después comencé a hacer Ruido y después Tócame.
En esa época Alan pedía cosas específicas.
—Era loco enfrentarme a pautas de ese estilo —dice.
Le pedía cambios en el fondo y la forma. Pero le gustó que todas las canciones tuvieran “sus vueltas o varias versiones”.
Yaima Cat, popular productor chileno de proyectos del indie de su país, como Simon Campusano o Rosario Alfonso, fue un cambio de ruedas para Lolabúm, porque la primera idea era que el disco lo produjeran ellos solos, pero para Pedro había una espinita sin resolver por no haber trabajado con él.
—Le escribí para tantearle y se apuntó —cuenta emocionado.
Es así que empieza la verdadera ruta del disco más caro en la historia de Lolabúm.
Fantasma x fantasma
Antes de sumergirnos canción por canción, ¿hay un diminutivo para este disco?
Pedro se refiere a él como El Disco, Se Busca Phantasma o Phantasma. Después de estas opciones, dice que el verdadero diminutivo no existe y recita todo el nombre del álbum.
—Estos días no he hablado del disco, estoy aprendiendo a hablar sobre él y cómo llamarle por su nombre.
Según Pedro, el día de su entrevista en vivo con Marx Corella por el Instagram de Radio COCOA, él y Techo estaban muy nerviosos.
—Todo el día estuvimos Techo y yo sin poder hablarnos mucho, estábamos raros. No peleados ni nada, solo nerviosos, porque hemos estado trabajando el año entero en esto y le hemos metido un nivel de trabajo que para mí es sin precedentes. De hecho, hicimos la escucha, la gente vino, salió el disco y como que fue un ratito de “uff, ¡ya salió!” Fue la sensación de soltar el paquete que estábamos cargando y que había llegado a su destino. Ahora la sensación que he tenido estos días es como: ¿QUÉ HE HECHO?
Es el décimo disco de Bonfim. Aun así, el golpe sigue siendo el mismo.
—Sigo sintiendo una cosa… ¿cómo lo hicimos? Es raro. Veo la persona que fui cuando lo hice y es loco. Uno, cuando saca el disco, generalmente ya no es la persona que fue cuando lo hizo. Es una sensación extraña porque yo también escucho el disco y siento que ya no sé si estaría dispuesto a hacer un sacrificio así. Al mismo tiempo es como que ya, lo hice.
A: Es como tu frase cambié tanto que es como no haber estado
—Sí, es como un fantasma, es así, como convivir con mi fantasma. Con el fantasma del disco. Esto no lo he contado, pero sí siento que está embrujado de alguna manera, como poseído por un fantasma. Pasaron muchas cosas en torno a él, está atravesado por lo raro. En Como un Phantasma yo digo llovía en la marcha a la que te traje y eso yo lo escribí en agosto del año pasado. Luego pasó el paro que yo convoqué afuera de la Universidad Central y comenzó a llover.
Ruido
El disco arranca como si descubriera algo, parecido a parirse o como si una mañana por fin saliera del cascarón. Lo que sale es un ruido desordenado, el de un adolescente que quiere ser escuchado desde el borde de los edificios ante el mundo. Si me adelanto un poco, es la canción más idealista del disco, a pesar de llevar bastante pesimismo en sus entrañas.
*
A: Hay una voz femenina al final que es una etiqueta muy tuya. Cuando el silencio de la canción está vulnerable, aparece una última frase, en este caso: “Si me voy a otro país, ¿me extrañarías?”. ¿Quién es?
P: Cuando fuimos a Perú, yo estaba en un momento en que quería hacer el disco y me puse a grabar muchas cosas: audios como loco. Y, de hecho, le grabé a un taxista que no logré incluir en el disco. Ese taxista era un espía. El man era de la policía y, en la época de Sendero Luminoso, tenía que ir a donde los educadores y vigilarlos, pero al mismo tiempo era un trabajador de ahí.
Y entonces, entre esas grabaciones, en el aeropuerto de Panamá hice una cosa que no está tan bien, de pronto moralmente, pero que a mí me parece bien: había unos puntos de carga para el celular y vi que una señora estaba hablando por el celular. Conecté el mío al punto de carga y lo dejé grabando al lado suyo. Entonces grabé una conversación íntima de una madre con su hijo, una madre peruana que le estaba contando a su hijo que se atrasó el avión y que había pasado bien en las vacaciones. Que algún día le gustaría venir con él. Le prometía que iban a ir a Chile el próximo año y hablaban de Perú.
Una versión del disco tenía mucho de eso, casi un minuto de conversación que ya parecía un podcast por momentos. Pero es eso: una madre peruana que grabé en el aeropuerto de Panamá sin su consentimiento y le preguntó a su hijo: “Si me voy a otro país, ¿me extrañarías?”.
A: ¿Qué deduces del resto de anotaciones?
P: El Ruido es particular porque conecta muchas cosas. Me inspiré en cierta medida en la sobrina de Gaby (Ponce / música colombiana y actual pareja de Pedro) que está en plena adolescencia. Conecté también con cosas que la Gaby me ha contado de su adolescencia y con cosas que yo mismo experimenté en la mía, el vivir lejos. Hacía mucho eso de que, si no me dejaban salir, subía a la terraza del edificio y me trepaba donde había tendederos por cada apartamento que eran parecidos a gallineros. Mi primo chiquito decía: “Vamos al gallinero, vamos al gallinero”.
Me acuerdo de subir y tener una especie de lugar para escapar. He visto que dicen eso de Strawberry Fields y John Lennon, que el man iba a un lugar al que escapaba y para mí la terraza era un poco ese lugar al que yo iba y fumaba mis tabacos a escondidas o donde escuchaba las canciones que yo decía que nadie más escuchaba. Entonces tiene esta cosa súper autobiográfica. De hecho, es la canción favorita de mi mamá. También habla de Lola, claramente. Para mí habla de una especie de realización en muchos sentidos y sí, habla también de un fan de Lola. Porque digo como: qué loco, yo también fui fan y me encantaba serlo. Ahora me gusta ser la excusa para que la gente tenga algo que les una.
A: ¿Tú serías fan de Lolabúm?
P: No, yo creo que sería hater número uno de Lolabúm. O sea, con mi personalidad yo sería insufrible, yo le cogería todos los peros a Lola y les daría durísimo, así, durísimo. O sea, Dios, sería como hater número uno, te juro. Probablemente estaría celoso de que alguien haga lo que yo quiero hacer.
No escucho particularmente mi música. De hecho, me incomoda bastante cuando comienza a sonar, cuando estoy por ahí y comienza a sonar o alguien la pone a propósito porque estoy ahí. Me incomoda mucho. Y cuando alguien sube historias de Lola o de cosas así, yo bajo el volumen porque comienzo a pensar: “Esta parte canté un poquito desafinado, no debía decir esta palabra, debía decir esta”. Entonces evito a toda costa tener contacto con lo que hice. Me da pena, sí. Me gustaría poder ser más fresco con eso, pero es más una señal de inseguridad.
Novedades ecuatorianas
La segunda canción de Phantasmas es apropiada para caminar por Quito, Guayaquil o Esmeraldas. Está hecha para musicalizar las imágenes pesadas de nuestro Ecuador en cualquiera de sus esquinas. Es una canción triste y sarcástica, con una letra atorada en respuestas incómodas sobre violencia y guiños importantes al pasado subversivo de nuestro país.
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A: ¿Por qué mencionar tanto a los padres? ¿Y por qué incluir la voz de Isadora Fonseca (dramaturga ecuatoriana)? Además, hablas sobre Roberth Regalado, ex Alfaro Vive Carajo. ¿Por qué?
P: Inicialmente, la letra que escribí era una recopilación literal de las preguntas que nos hacían a el Techo y a mí mientras estábamos acá, en Bogotá. Nos decían: “Oigan, qué malo lo de Ecuador”. Nos daban el pésame. Siempre nos preguntaban qué estaba pasando, qué había pasado y cómo había ocurrido todo. Y era triste tener que dar siempre una mala noticia.
Es chistoso porque la canción se llamó Novedades ecuatorianas desde su primera versión. Cuando era una canción instrumental, la guardé en el archivo con ese nombre, sin saber que iba a escribir sobre eso. Pero, de pronto, creo que también me condicioné.
Yo creo que ahí hay una cuestión de poder que me interesa entender, y no solamente desde el gobierno, sino también desde los medios: qué estás contando, qué historia estás contando, qué le estás diciendo a la gente que repita. Porque ahí hay una especie de origen del mal: lo que la gente aprende a repetir, como si fuera un libreto.
Y lo de la mamá y el papá… yo no estaba tan consciente cuando lo escribí, pero ahora que lo pienso digo: es muy loco, que yo hable de los padres ahora es también porque he crecido y los veo diferente. Hay una cosa ahí extraña. A veces me apena que el disco esté tan ligado a cosas negativas de alguna manera. Pero eso, los padres son personas de las que uno puede aprender del cariño y que te muestran el mundo y, de alguna manera, te enseñan también a convivir con las versiones adultas de ambas partes.
A: ¿Por qué Isadora?
P: Isadora es una persona que me cambió la vida de una manera irreparable porque fue mi primera novia. Yo le conocí cuando teníamos unos 14 o 15 años en un concierto de Sal y Mileto en la Plaza del Teatro. Era amiga de Damián (Segovia) y lo que me acuerdo es que la man había perdido su zapato en el pogo y el amigo con el que yo fui lo había encontrado y se lo devolvimos. Me fleché y fue mi primer gran romance y también la primera persona a la que le hice canciones. Yo le escribí a ella muchas de las canciones de Quisiera verles bailar con esto. En Anacrusa digo:
Pero si AnacruSA no he notaDO la hoRA
(SADORA)
Para mí fue muy importante intelectualmente porque era una persona que leía mucho, escribía poesía y era interesantísima. Nos hicimos amigos años después y hasta ahora es una de mis amigas más cercanas. Ella estaba haciendo esta obra, Ensayo para la eternidad, entonces le pedí que me contara, en sus palabras, sobre Alfaro Vive Carajo. No sabía que, cuando le pedí eso, estaba planificado que estuviera en el disco.
Me lo contó y yo cogí algunas partes que me parecen, más que hablar de AVC. Para mí, no se trata tanto de ninguna figura en particular, sino de símbolos más amplios, en cierto sentido, como la resistencia o la rebeldía, que te invitan también a desobedecer ante el poder. Me preocupa mucho lo que está pasando, pero me preocupa más todavía lo que va a pasar y cómo va a seguir pasando, porque no tenemos ninguna noción de precedente.
Alfaro Vive fue un intento, como lo han sido muchos otros, y no es un tributo en sí mismo a Alfaro Vive, sino más a los gestos de rebeldía y a pensar la revolución desde lugares diferentes. Como lo que cuenta ahí: ir a enseñar en los lugares rurales, descentralizar Quito y también hacer que la gente conozca su historia. Parte de lo que hacían ellos era hacer que la gente conozca la historia del Ecuador y que conozca la literatura y la cultura del Ecuador.
Yo siento que eso es lo que nos están haciendo activamente hoy en día: quitarnos lo que nos queda de cultura y hacernos pensar que nunca hubo nada antes de nosotros, para hacernos más fácil aceptar todo lo que sea nuevo, como el discurso en torno a la IA, el discurso en torno a la minería o todo eso. Yo creo que son tan efectivos también porque activamente nos hacen pensar que no tenemos historia. Y eso es algo que a mí me llegó mucho de un disco de Grupo Peguche que atrás dice: «No estoy solo porque tengo historia». Y para mí ese es el mensaje: tampoco estamos solos.
Los amantes
Esta canción le pide perdón a muchas cosas. Es Pedro Bonfim desapareciendo por temporadas de la vida de todos. También es la libertad de dejar la vida a un lado, sacrificándose con la ausencia.
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A: ¿A quién se dirige?
P: No tiene que ser un nombre. Yo creo que esta canción está escrita, de alguna manera, como una continuación de las sensaciones de migración. Está escrita a todos mis amigos. Ni siquiera es una canción romántica. Se llama así por joder a Los Enemigos y también porque, como dice Leonor Silvestri: “un fan no es más que un hater confundido y viceversa”. A veces yo creo que la gente tiene una cosa muy quiteña: que te sabes el chisme de todos. Es una fijación sobre si te odian o te quieren.
A: Eso es full quiteño.
P: Sí, somos enemigos o amigos. Para mí, la gente que más se odia son amantes, 100 %. Así también pasa con los enemigos, pero, en fin, es una canción para mis amigos y amigas a los que no les he respondido que he vuelto a Ecuador y no les he visto. Me siento mal de hacer eso y también pasa que hay gente que la última vez que vi fue en el 2021 y ahora no sé si me odia o por qué no me saluda tan bien, y luego resulta que es porque yo no saludé tan bien. La estupidez típica.
A: ¿Cómo te relacionas con el hecho de que ahora la gente quiere estar más asociada contigo por la posición en la que estás?
P: Me da miedo, porque igual es raro. Para mí, esto sigue siendo una tienda de barrio que le va muy bien. Ahora tenemos más cosas y abrimos un local más grande, pero a mí me sigue siendo muy conflictiva la idea de la fama. Yo soy una persona que hace canciones y puede observar muchas cosas, como cualquiera. No quisiera que alguien se acerque a mí esperando que le entregue nada, porque no voy a tener nada que darle. Le voy a desilusionar. Y eso generalmente sucede. Es muy chistoso ver gente que llega esperando encontrar algo.
Yo tengo esta cosa de que me encanta no conocer a mis ídolos. Prefiero mil veces no saber. Por eso me gusta también estar aquí, en Bogotá. Me recuerda que no soy famoso ni importante para nadie y que no tengo más derecho a nada con nadie. Es fundamental recordarse a uno mismo porque es superfácil que la vanidad te gane.
Como un Phantasma
La canción embrujada de la que habla Pedro es esta. Aunque él cree que todo el disco lo está, es irónico que en esta canción la paranoia, la persecución y el grupo Phantasma sean tan referenciados en su construcción. Es un muerto viviente saliendo de su nicho como el fantasma para acompañar a quien está escuchando.
*
P: Esta es una canción súper importante, porque fue de las primeras que apareció cuando yo dije: “Ya, este es el disco”. Y fue increíble hacer esta canción, me encantó hacerla, aunque fue difícil, porque me gustaba tanto que tenía miedo de dañarla. Pero aprendí esta cosa de que uno tiene que estar dispuesto a eso, a que salga peor y hacer versiones. Me gustaba la idea de que pueda ser una situación, como una conversación de pareja o de amigos. Al final es una persona que le está diciendo todo esto a alguien a quien obligó a venir a la marcha.
Yo tengo un poco esta culpa que cargo conmigo de que en 2019 fui al paro con el Chino (guitarrista de la formación clásica de la banda) a una parte que era como la primera línea, o sea, peligrosa. En esa época no estábamos acostumbrados a que los policías sean así de violentos y descarados, entonces fue cuando dispararon al Chino con perdigones. Para mí, también tiene que ver con la paranoia y la sensación de un estado así. Un estado paranoide de los chapas. Me acuerdo mucho de la sensación post QuitoFest y de cómo cualquier pronunciamiento político era densazo.
(En este punto, la conversación toma un camino donde Pedro habla sobre su posición política en los conciertos, una característica que se volvió bandera de cada concierto en el que la banda participa.)
P: He tomado la decisión de no hablar mucho más y usar mis intervenciones más sagazmente —dice.
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La mentira de la Minería
No tengo anotaciones sobre esta canción y se lo digo a Pedro. Hasta para ser curioso, uno debe ser ignorante.
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P: Fue un problema no tener que usar la voz de Gaby en todos los temas —se ríe—, porque obviamente era a la que yo le pedía que hiciera todas las versiones. Ahora, esta canción para mí no tiene una distinción con Como un Phantasma, para mí era una continuación, además de que surgieron juntas. De hecho, Como un Phantasma era una canción de siete minutos que comenzaba con los acordes en -593. Era un chorizo de canción.
Bueno, La mentira de la Minería es el momento en el que el personaje se vuelve fantasma, inevitablemente cruza el umbral. Aprovechando, quiero decir algo que no he dicho, pero la manera de cantar de esta canción está inspirada en Alan Vega, vocalista de la banda Suicide. Me encantaba eso. Es una especie de Elvis de ultratumba. De hecho, mientras grabábamos decía: “Para Alan Vega”. Volviendo, en esta canción el personaje cambia ya para siempre y acá se convierte.
A: ¿Y ese man que es el fantasma? ¿Quién es? ¿Ya tiene identidad?
P: Es chistoso, no lo dije en Ruido, pero para mí el personaje de esa canción es una chica. Cuando lo escribía, me imaginaba que era una mujer. Para mí es algo general: alguien que se ve atravesado por circunstancias de la vida. Me gusta que no es un personaje. A veces es una chica, a veces no. Como la banda Phantasma, que tocaban con el cuerpo cubierto entero, no sabías si eran hombres o mujeres y, en efecto, ellos tenían una baterista mujer. Entonces, claro, para mí es una figura que puede ser cualquiera, porque en toda la historia está cubierta la cara, entonces no sabes.
Tócame
La primera canción romántica del disco. Tarde, pero llegó. Además, aparece una frase que marca territorio: “me siento un bogotano”. En palabras de Gabriela Ponce, esta “es la canción del sexo”.
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P: La frase de ser bogotano está inspirada en una canción brasileña (Telegrama, de Zeca Baleiro) que dice “solitario como um paulistano”. Yo pensaba en esa figura como un cliché de alguna persona en una ciudad. Y acá los bogotanos pueden no hablarte jamás. Literalmente puedes subirte a un ascensor, que se suba otra persona y no te diga nada. Entonces, para mí, era como describir a alguien que está, pero no está, como un fantasma.
Además, es una ciudad muy atravesada por la violencia. Creo que ese silencio viene por ahí. También es un chiste a mis amigos bogotanos, porque los quiero mucho y quería hacerles esta bromita. En realidad, el disco está lleno de ellas, solo que a veces lo grave les quita el protagonismo.
Quiero decir que esa canción se la escribí a Gaby expresamente, haciéndole chiste, por un lado, de que la extrañaba en Bogotá y también por este lado de entender el mundo de alguien. Hay esta cosa de: “Te juro que fui feliz con los fantasmas de tu casa, para poderlos ver tuve que hacer mucho silencio”. Es esto de conocer profundamente a la otra persona.
También pasa que la Gaby y yo somos muy ocupados. Por eso, en el coro le digo “si alcanzas, tócame”, porque casi nunca alcanzamos. Es eso, una canción muy personal que para mí fue muy difícil decir. Tenía otra letra, de hecho, era “parezco tu tío correísta el día de las elecciones”. Tenía muchas vueltas, pero quedó bonita, porque también me gusta hacerle tributo a alguien, el pedirle que te toque y te haga sentir real.
Había otra cosa que no dije en la canción, que era esta situación de “ojalá me toque la suerte, ojalá me toque a mí”. Yo pensé que esta canción no era de las fuertes y es de las que más están escuchando, y le dije eso a la Gaby y me dijo: “Es porque es la canción de sexo”.
A: Es una canción en la que se siente mucho tu sensualidad, como en el cover de Nena que hiciste.
P: Es chistoso que lo digas porque esta fue la primera canción para la que probé voces y, de alguna manera, estaba probando todo. Es una canción con la que ahora estoy muy agradecido en comparación de cuando la terminamos.
16 Phantasmas
Lolabúm es una enciclopedia de paredes, archivos anónimos y ruidos de la ciudad. En esta canción, que fue el primer sencillo del disco, ese detalle es protagonista desde su portada, con rostros y maneras que hacen de esta obra un ejemplo perfecto de embodegar memorias en la música. Incluso el reunir memes para hacer arte acá está muy bien cuadrado, como si fuera una canción que marca época por la tendencia.
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P: Las fotografías de las personas en la portada son parte de una colección íntima y personal que tengo desde 2014. Comencé a hacerla cuando llegué a Guayaquil, porque vivía cerca del Registro Civil y recogía fotos cuando las encontraba. Fui acumulando y logré tener una colección de fotos encontradas. Hay una que es de mi papá cuando era pequeño. Es una mezcla de gente que conozco y no conozco.
A: ¿La gente de Biorn Borg te dio algún feedback de la canción?
El único que me ha dicho algo fue Karolys (baterista de Biorn Borg). Él, cuando escuchó la canción, se preguntaba dónde había escuchado antes la frase (van uno, van dos, van tres…), hasta que mucho rato después se dio cuenta. Para que veas cómo escuchan las letras los bateristas —se ríe—. Nada, le pregunté si debería pedir permiso y él me dijo: “No, ni es el coro”.
A: ¿Por qué son 16 los fantasmas?
P: Comenzamos a hacerla el 6 de diciembre, me acuerdo porque mandé muchas notas de voz. Era yo en el piano mientras el Techo tocaba la guitarra. De pronto salió el coro y la letra de Biorn Borg. La canción se llama así porque Alan, el productor, guardó así la sesión y, en un punto, casi todas las canciones acabaron siendo parte de esa manera. El azar jugó su rol. El número tiene más que ver con Biorn Borg que con nada y, para mí, la pregunta sobre este número sería para quien la escribió: Jorge Izquierdo.
A: ¿Por qué fue la primera presentación de lo que sería el disco?
P: Para el Techo, Alan y yo… Santi también, fue una canción especial, porque todos estuvimos mucho tiempo trabajándola y no salía. Alan se sentó conmigo en el piano y estuvo tocando un buen rato, sacando lo que yo hacía en la guitarra, porque teníamos otra armonía, otra cosa. Al final, es una performance, porque estamos tocando en vivo. Además, más que una estrategia, es una canción que nos produce algo bonito; es más chévere sacarla así. No somos tan buenos estrategas en realidad como parece.
La versión de Laura
¿Quién es Laura? ¿Por qué Avecilla? Las respuestas son responsabilidad de Techo.
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P: Esta canción fue la primera que hicimos realmente para el disco. Por mucho tiempo fue la que lo abría. Luego optamos por un comienzo más light. Pero Laura María fue clave, porque ahí aparecieron los fantasmas. Laura María era la roomie del Techo.
Un día nos vimos, en un momento donde también estaba Carlos Castañeda, un saxofonista que participa en la canción. Entonces, ese día, esta chica, que se llama Laura María Vargas, a quien admiro mucho porque es de mis amigas queridas aquí en Bogotá, se quedó dormida mientras estábamos haciendo la canción.
Sin querer, nosotros habíamos dejado un canal abierto de un micrófono que no apuntaba a ninguna parte y toda la canción que habíamos grabado sonaba como hiperdrogadicta y loquísima. Guardé esa como La versión de Laura, porque yo decía: “Esto es lo que Laura está escuchando en sus sueños”. Además, ella es música y tuvo una banda llamada Las Yumbeñas. Pero no solo eso: Laura también es una especie de personaje, como figura, porque ella llega y te dice cosas densas. Es una persona que te puede decir una frase que te va a dejar un mes así, como: “Uff, claro, la vida es esto”.
Pero también Laura, para mí, es mi abuela, quien tuvo ese nombre, o Laura Palmer. Esa canción también es misteriosa porque es la que nos trajo los fantasmas. Su construcción fue rara. Yo nunca había hecho una canción así. El Techo y yo tocamos la batería en dos tomas diferentes, puestos al mismo tiempo. Inicialmente era un sample de dos segundos y acabó siendo toda la canción. Fue una canción súper importante por mucho tiempo.
A: ¿Por qué la decisión de agregar a Avecilla ?
P: Lo de Avecilla fue idea de Techo. La canción dice cosas muy oscuras. Y lo que Laura está viendo en ese fantasma aterrorizando es que le dice: “No te dejes agobiar por la tristeza”. Desde mi punto de vista, Laura ve al fantasma y quien no entiende soy yo, es decir, quien canta la canción. Es un juego de quién no quiere ver, quién no quiere escuchar y lo que te dice, lo hace con Avecilla.
Los enemigos
Si esta canción estuviese en El Cielo, nadie se daría cuenta. Es también la canción que menos convenció a Pedro al momento de construir el disco. Sin embargo, propongo un pensamiento: este es un hit.
*
P: Es chistoso que sea tu favorita, porque es mi menos favorita. Tal vez porque ya me siento muy lejos de esa canción en muchos sentidos. De hecho, casi la saco del disco cinco veces. La única razón por la que no salió del disco fue porque Santi Navas peleó para que la dejemos.
Es la típica canción que hice en un día. Hicimos cuatro versiones de Los Enemigos. Hay una en la que soy solo yo cantando, otra que es otro arreglo, otra sin batería y solo el Techo tocando, y la versión que quedó, que yo hice en el 2022 en mi casa y solo le cambiamos el bajo. Si te fijas, está súper mal grabado porque digo mal las cosas. Hay una parte que dice: “y aunque quieras evitar jurarle cosas”. Una segunda voz que no se sabe la letra y dice “y aunque (balbucea) cosas”, entonces es una especie de demo que se coló en el disco.
Si quieres algo interesante de esa canción, es que entre esta y Corazón de Guagua hay cuatro días de diferencia. Ambos fueron hechos en la misma semana, entonces se siente como si estuviera publicando ese disco hoy. Pero Corazón de Guagua me gusta más. Es una mejor canción.
Mi postura es que no es una canción de amor. Y eso, de hecho, me decía el Alan: “Es una canción que tiene algo súper oscuro”. En realidad es como: no, quiero irme, o sea, quiero irme de aquí, quiero huir de aquí. Un poco como una extensión del man que quiera salir del cuarto de Laura María y no puede. Como: “prometí que no te iba a decir que te amo nunca más y te estoy diciendo”. Como Lucifer cuando le expulsaron del cielo y cayó a los infiernos, decirte que te extraño es caer en los infiernos, ¿me cachas?
También está en el disco por algo. O sea, me parece que es una canción buena y también quiero que la gente se pueda dedicar. Si yo estuviera enamorado de esa manera cuasi tóxica, es una canción que me serviría. Pero yo prefiero mil veces Tócame, que es una cosa más de invitación a querernos en chévere.
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Solo quiero decir que, mientras sonaba esta canción, robaban en un Vingala. Lo primero que pensé fue en un meme, este del emoji emocionado levantando la bandera de Ecuador y gritando: ¡mi país, mi país!
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P: Esa música, lo que suena de fondo, son unos acordes que, de hecho, están en Como un Phantasma, Al final de Como un Phantasma, yo hago unos acordes así, planchados. Y lo que hice cuando estaba haciendo la canción fue coger esos acordes y bajarles a la mitad de la velocidad. Entonces, de repente, estaba… y dije: “Uy, esto está buenazo”. Todo eso fue hecho en la misma sesión. Entonces, literalmente, estaba conectado directo a Como un Phantasma. Es un auto sample. Y me gustaba cómo sonaba, me gusta que me produce una sensación muy particular y me alegra que haya entrado en el disco, porque no iba a estar. Eso fue algo que yo nunca supe cómo meterlo. Pero me alegra que esté.
A: Esta canción revela mucho de tu tarea de documentar, de salir y tomarle foto a los grafitis. De hecho, aquí hablas de estos grafitis, por ejemplo del “Cuando me suicido, me despierto en Quito”. ¿Tienes esa costumbre de salir en Bogotá, ir a cualquier lugar de Sudamérica, a tomar fotos, documentar, guardar un archivo? ¿Cómo ha madurado eso?
P: Eso sigue siendo uno de mis grandes vicios. La Gaby siempre se ríe de eso, porque vamos por la calle y yo así: “Mira lo que dice aquí”. Ahora salgo con un marcador y escribo. El otro día vi que alguien había puesto un dibujo de un man escuchando “Creep” y le puse: “No sea gringo”. Es algo que a mí me inspira mucho y sigue siendo para mí una curiosidad profunda: por qué alguien escribe algo en una pared, ¿me cachas? Me gusta mucho eso y me conecto con ese lado y sigue siendo una de mis grandes inspiraciones. Además, Bogotá es una ciudad con mucho graffiti, entonces también es un buen lugar para estar en ese sentido.
A: ¿Qué significa realmente el “Venceremos” en este disco?
P: Creo que el “venceremos” es una cosa que hasta Correa lo dijo, o el Che. Es una cosa muy clásica. Por eso te digo que puede ser hasta un poco un guiño, como más ambiguo. Pero sí, igual también para mí es convocar la esperanza. “Venceremos” es decir: vamos, hay esperanza.
Bombas
Bombas es rola.
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P: Esa canción originalmente es sobre Bogotá, tenía otra letra, pero a Alan no le gustaba. Él me dijo que esa letra no estaba buena. Y justo estaba pasando lo de Venezuela y, curiosamente, recurrí a un documento que escribí hace mucho tiempo, que era un poema sobre bombas cayendo. Solo lo intenté cantar. A la primera funcionó súper bien, tal cual como está.
Me parece bonito que la música pueda hacer una forma de arte y te haga experimentar otras cosas. Eso me encantó de ir a Europa, que pude entrar al Museo del Prado, y vi estas pinturas negras de Goya cara a cara. Y fue denso, porque lo que te hace sentir es una cosa muy extraña, entre perturbadora y atractiva.
Sobre el efecto de radio defectuosa que suena en la canción, es una cosa que salió de mi sampler clásico. Ese es el arma secreta de Lolabum. Nadie sabe, pero ese es el artefacto más importante en la discografía de Lola: un sampler que se llama SP 404 SX de Roland, que yo ahorré y me lo compré en el 2017.
Era carísimo para mí en esa época. Creo que me costó como 350 dólares, algo así. Era carísimo. Pero con ese le di forma a Tristes Trópicos. Tristes Trópicos se revolucionó completamente por ese sampler. Todos los samples de los discos del 2020 los hice con él. En Muchachito Roto está repleto de ese sampler y este disco también está repleto. Todo lo que suena así es ese sampler y, de hecho, también las intervenciones con él.
A: Un amigo me dijo que te escuchó decir que te inspiraste en Derian Diorian para algunas canciones de este disco. ¿Es verdad?
P: Sí. De hecho, Me despierto en Kito, en un momento, yo hacía referencia a Estamos Perdidos. En un punto desembocaba y acababa hablando de las bandas y de ir escuchando esas bandas también. Para mí es como decir: “Venceremos”. Así es como yo creo en esa gente.
Creo que todos nos merecemos tener una mejor posibilidad de hacer lo que hacemos y por eso me encanta verles metiendo empeño. Puedo referenciar al Dorian porque para mí es parte de la misma historia de la música ecuatoriana y de la música hecha con guitarra eléctrica en Ecuador. Creo que el Dorian también es uno de los grandes letristas de su generación. Yo creo que el man sí tiene una capacidad de escritura interesante para generar imágenes o hacer analogías. Entonces, si yo fui un referente para el Dorian, para mí es bacán también que eso se me regrese de alguna manera y que a él se le regrese también y nos alimentemos mutuamente.
(Sobre la frase “la radio de este dolor”, Dorian me cuenta cómo nació: Cuando estaba haciendo la letra de Ya No Te Escribo, imaginé mucho la escena de dos personas yendo en un Uber a casa. Entonces, lo de “La radio de este dolor” es por cómo se sienten o suenan esas canciones que forman parte de momentos específicos, como esas veces en las que parece que Bad Bunny sacó una canción específica para cómo te estás sintiendo.)
Me despierto en Kito
¿Cuántas veces robaste en un Supermaxi?
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P: Yo nunca he robado en el Supermaxi porque me da miedo. Pero hay una historia divertida: a la Gaby le metieron presa por robar en un supermercado. Esta también es una especie de canción de amor y para mí está vinculada a tener un amor que te estimule hacia la vida, hacia hacer cosas y a probar las huevadas.
También me gustaba la idea de hacer una canción que pueda decir: “Vine a este concierto”, hablar del concierto en el que uno está. Eso creo que escuché que Julian Casablancas hizo alguna vez. Para mí fue imaginar a la Gaby robando y también esta cosa de ser ladrón de supermercado como delito menor, ¿me cachas? Ir haciendo delitos menores y que eso también pueda ser un germen.
Al inicio hay el germen de la militancia, de lo que sea que sea. En este momento es volver a eso. Después del Apocalipsis, después de toda la mierda, después de que caigan las bombas, es: vamos a robarnos un vino al supermercado.
Lo que yo sí hice en el “supermercado anónimo”, ojalá no me metan preso, pero yo en el “supermercado anónimo” de “cierta parte de Quito”, es que robé como un hijueputa. Yo robaba, no sé, $60 cada vez que iba. Es tenaz. Yo no compré café durante como dos años. No compré miel, no compré queso, no compré chochos, no compré nada. Ya no lo hago porque estoy más grande y porque también estoy en un país en el que me pueden deportar. Pero me gusta eso. Me gusta también tener una confianza en la juventud y una confianza en los gestos de ese estilo. De enamorarse también a través de la rebeldía.
Fin
A: ¿Cuánto dinero invirtieron en este disco?
P: Bastante, puede ser el disco más caro que hemos hecho, pero por las cosas extendidas, por los viajes. Igual logramos encontrar maneras de que no nos salga tan caro. Pero sí, es el primer disco que grabamos en estudio, por ejemplo. Este es el primer disco que hemos ido a un estudio a grabar, propiamente un estudio que no sea un estudio casero del productor o algo así.
Fuimos a varios estudios, a tres. Sí le metimos plata, y no solo a la música, sino también a la portada. Pero también creo que hemos sido súper responsables al respecto, porque la plata no es igual a que le vaya bien a las cosas. Creo que tampoco por gastar más es que el disco salga mejor, para nada. Entonces, creo que en lo que más nos esforzamos es en cosas que en realidad no cuestan, como la composición. Estar mucho tiempo componiendo, componer 80 canciones para el disco.
A: ¿Qué significa Techo ahorita para ti, fuera de la música? ¿Qué piensas?
P: Yo al Techo no puedo agradecerle más. Es un man que ha sido… yo no sabía que cuando escribí Ciudad Espanto estaba escribiendo sobre él. Es una persona que siempre se va a subir conmigo a la aventura. Entonces, yo le agradezco profundamente eso. Ha sido muy leal y también de animarme. Es difícil, o sea, somos personas complicadas ambos, pero creo que ya estamos grandes y también ya no tenemos el tipo de conflictos que tuvimos en algún momento. Nos queremos mucho. Me encanta verle. Es un soporte emocional súper fuerte para mí. También es un amigo con el que soy súper físico, o sea, nos abrazamos mucho. Sí, le quiero mucho.
Termino de escribir esto en otro Vingala a la misma hora de aquella noche.
En esta conversación usé un cuaderno rayado y una que otra anotación tachada. Pedro respondió comentarios, no preguntas. En uno de esos me dijo que está enamorado, se dijo hippie de mierda y negó tener amantes.
En fin, Pedro es un gran tipo. Es todo.