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La Oficina México funciona porque reconoce sus contradicciones

By Felipe Vargas

May 01, 2026

Aunque el idioma y el contexto cambien, la absurda y fascinante dinámica humana en un cubículo de oficina sigue siendo parte de la experiencia humana en La Oficina.

Tengo que confesar que cuando supe de la adaptación mexicana de The Office, me dije lo que muchos pensamos: ¿de verdad, otro remake? Sin embargo, al terminar de verla no puedo esperar a que se estrene su segunda temporada. 

Y en esta reseña les cuento el por qué.

Aunque la base e idea es la misma a la original, su adaptación es completamente distinta y ahí es donde veo el éxito de la serie: no trata de ser igual, se aleja de la versión gringa para enunciarse desde su propio contexto.

La fascinante adaptación del escenario

La serie logra convertir a la oficina en un espejo de la realidad laboral de muchos países latinoamericanos. No es solo un set; es un ecosistema donde conviven el chisme, el romance de pasillo, la falsa meritocracia y el nepotismo. Conceptos que hacen eco a nuestras propias experiencias laborales.

La importancia de un buen elenco

Gary Alazraki (director de la serie) mencionó para El País México algo que se vuelve evidente al ver el producto final: “En la ausencia de muchas estrellas, hay mucho talento… solo hay que saber encontrarlos”. El casting es, quizás, el mayor acierto. Al elegir actores no tan conocidos para interpretar a este grupo de personas en su día a día, se elimina la barrera de la «celebridad» y facilita la empatía. No vemos a actores famosos haciendo un sketch; vemos a compañeros de trabajo en su día a día.

La construcción de los personajes

Aquí es donde la serie encuentra su fórmula del éxito a través de la ambivalencia. Es ese lugar donde personas de distintos géneros, edades y estratos socioeconómicos coexisten diariamente, y donde cada situación los atraviesa de forma distinta.

Humor vs Cotidianidad

El humor, la incomodidad y el cringe se usan como recursos narrativos en el guión y en las actuaciones para topar temas pesados como el acoso laboral o el machismo y la misoginia; temas que resuenan y nos identifican.

Es precisamente en esa intersección en donde La Oficina México funciona, porque reconoce sus contradicciones. La serie no pretende ser aleccionadora ni dejar un aprendizaje moral. Es un ejercicio de honestidad cruda llevado a la pantalla chica que utiliza el recurso de la incomodidad en el set para trasladarla directamente al espectador.

A través del cringe y lo políticamente incorrecto, la serie abre un diálogo necesario sobre temas y situaciones sensibles: el acoso laboral, el machismo, la misoginia y la ilusión de que el esfuerzo siempre es recompensado. No te enseña qué pensar, te hace ver de manera inevitable que aunque el idioma y el contexto cambien, la absurda y fascinante dinámica humana en un cubículo de oficina sigue siendo parte de la experiencia humana.