HERMANOS GUTIÉRREZ EN QUITO: “Estamos orgullosos de tener sangre ecuatoriana”

por Santiago Rosero

En exclusiva para Radio Cocoa, una entrevista de Santiago Rosero donde Estevan y Alejandro Gutiérrez evocan el Ecuador de su infancia, el de los recuerdos mientras crecían en Suiza, y aquel que ya no existe, el devorado por la realidad actual.

 

La prueba de sonido ha tenido que superar algunas dificultades. Los Hermanos Gutiérrez deben asegurarse de recrear la atmósfera cósmica, el imaginario desértico y el sentimiento de viaje perpetuo geográfico, astral que les caracteriza. Para eso tienen requerimientos técnicos exigentes. La producción del concierto ha debido conseguir, en Guayaquil, de parte de un usuario particular, un amplificador vintage marca Marshall que proyecta una cierta textura añeja. Los ajustes parecen más puntillosos de lo que, se creería, podrían requerir solo dos músicos con tres guitarras. Pero esos dos guitarristas que tocan música instrumental han sabido conectar con una masiva audiencia mundial precisamente por eso, porque crearon un universo personal donde la economía de recursos se asienta en un sustancioso entramado estético y sonoro.

La prueba termina, los músicos quedan conformes y ahora ponen atención a los videos que el equipo de producción ha propuesto para ser proyectados en la pantalla que tendrán a sus espaldas. Hay volcanes con fumarolas, texturas rocosas, vertientes burbujeantes en un fondo marino, paisajes andinos, más montañas. Nostalgia y traslación.

Están chidos y agradecemos el esfuerzodice Alejandro, el menor, 35 años, bigote de Emiliano Zapata, pero creemos que eso podría distraer la atención, y preferimos que la atención se centre en nuestra música.

Sobre la pantalla solo quedará su logo: Hermanos Gutiérrez y un águila de iconografía mexica, el ave a la que ese pueblo adoraba porque consideraba que su vuelo se acercaba al sol.

Son las 18h35. El equipo completo mánager, asistente pasa al camerino. Se instala en el Teatro San Gabriel una atmósfera serena. Minutos después, de detrás de una cortina que da acceso a la trastienda del escenario se le oye decir a Aldi, el asistente, que nadie puede tener acceso al camerino, que quieren absoluta privacidad.

He tratado de conversar con los Hermanos Gutiérrez desde hace mucho tiempo. Reviso mi correo y veo que mantuve contacto con alguien de su entorno en 2022, pero nunca pudimos concretar una entrevista porque ya para ese momento estaban inmersos en los preparativos de una nueva gira europea. Había la posibilidad de que pudiéramos hablar durante su corta estadía en Quito, pero pasaban los días y tampoco se concretaba una cita, hasta que hacia las 17h00 del mismo día del concierto, me avisaron que me darían 20 minutos.

Ya es abril de 2025. Solo en este año, los Hermanos Gutiérrez han tocado en Japón y Australia. Ahora están en su gira sudamericana y hasta mediados de año habrán hecho un nuevo tour por Estados Unidos y otro más por Europa. Tienen cuatro discos y empezaron a tocar como dúo, de manera profesional, apenas hace ocho años.

De aquel famoso jamming en la habitación de Alejandro en Zurich, 2016, cuando dejaron fluir los arpegios y, más que lograr estructuras musicales concretas o ya un sonido característico, se dieron cuenta de que entre ellos había una magia solo explicable por el vínculo de sangre, pasaron prontamente a las grabaciones en estudio, las colaboraciones con figuras consagradas, los festivales, las giras y el trono en un nicho que se ha descrito con palabras más o menos sofisticadas, más o menos pomposas: easy listening, lo-fi, vintage, spaghetti western, a lo que se suma un imaginario gráfico y conceptual hecho de un nombre de banda en español que pone en valor el apellido materno (el paterno es Hotz), una latinidad imprecisa como de vaqueros renegados, y una sofisticación sexy medio hípster, medio rock.

Ahora se preparan en el camerino para su primer concierto en Ecuador. Ha pasado más de una hora desde que llegué, y cuando son las 19h20 y faltan solo 40 minutos para la hora anunciada de inicio, asumo que la conversación ya no tendrá lugar. Pero en ese momento Aldi aparece y me invita a pasar.

El camerino es un cuarto estrecho con el techo bajo y abovedado como una cava. Sobre una mesa con mantel de tejido otavaleño no hay nada más fastuoso que agua, gaseosas y unas cuantas golosinas. Alejandro lleva una camiseta gruesa y por encima un chaleco de lana con motivos indoamericanos. Estevan (adaptación propia de Stephan), el mayor, 43 años, carga una pesada chompa roquera de cuero negro, y su pelo largo acomodado en un moño alto. Ambos se acercan a la mesa. Aldi se sienta entre ellos, más atrás, con la intención, parece, de controlar el contenido de la conversación y el tiempo acordado.

***

El hecho de que [Quito] está en un valle es increíble; el cielo con las nubes, los cambios tan rápidos en el clima. Todo eso me gusta.

Santiago: ¿Es la primera vez que están en Quito?

Alejandro: Para mí, sí. Una vez solo hice una escala de dos horas, en el antiguo aeropuerto, para ir Guayaquil.

Estevan: Yo una vez vine a encontrarme con dos amigos de Suiza. Estaba viviendo con mis abuelos en Playas, y me encontré con esos amigos para pasar uno o dos días aquí, pero la verdad es que no conozco.

S: ¿Cuál es la primera impresión que han tenido?

A: Creo que la altitud. Para ser honesto, me costó dormir. Pero sobre todo las montañas, el hecho de que está en un valle es increíble; el cielo con las nubes, los cambios tan rápidos en el clima. Todo eso me gusta.

(José Fabara, director de PíoPío Activismo Musical, el organizador del concierto, me contará más tarde que, tras aterrizar y salir del aeropuerto, Alejandro lloró de emoción al ver las montañas y darse cuenta de que estaba en Quito).

Bastó ese primer intercambio para percibir la sencillez y amabilidad de ambos. En Alejandro se dibuja una sonrisa cándida cuando evoca cualquier recuerdo simple, y la aparente pose de hombre duro de Estevan se disuelve cuando, con entusiasmo, empieza a hablar de su relación con Ecuador. El español casi perfecto, la voz calmada, una notoria belleza física fruto de su mestizaje.

S: ¿Cuáles era los recuerdos que tenían de Ecuador mientras crecían en Suiza?

E: El cambio drástico de la vida en Suiza frente a lo que llamaría la vida loca en Ecuador. En Suiza todo es muy tranquilo, todo es ordenado. Y las veces que de niños veníamos acá, todo era nuevo porque tenías la playa frente a la casa, nuestros abuelos tenían un restaurante, había un mercado con todas las ventas afuera, había perros y hasta chanchos en las calles, y, en comparación con la vida en Suiza, que era medio aburrida, todo aquí me encantaba, y siempre tuve el deseo de vivir en Ecuador.

 

Nos venían a recoger al aeropuerto de Guayaquil toda la familia. Nos venían a ver en una camioneta y yo me ponía atrás, en el balde, en un viaje de más de una hora, recibiendo el viento en la cara. Yo sentía que eso era súper especial. Ese es mi primer recuerdo.

S: ¿Cada cuánto venían acá?

E: Cuando éramos pequeños veníamos una vez al año, pero a partir de mis 12 años tuvimos un periodo como de seis años que no vinimos, porque somos cuatro hermanos y económicamente no podíamos. Pero luego, a partir de mis 18, yo me venía solo hasta dos veces al año.

A: Recuerdo que la primera vez que yo vine tenía 10 años. Me acuerdo de una foto en la que tú estás con el lito (abuelito) en la playa, en Data (de Posorja). ¿Cuántos años tenías tu ahí? (le pregunta a su hermano).

E: Yo tenía 18.

A: Entonces sí, yo tenía 10. Nos venían a recoger al aeropuerto de Guayaquil toda la familia, tías y primos que yo nunca había visto. Nos venían a ver en una camioneta (“en dos camionetas”, corrige Estevan), y yo me ponía atrás, en el balde, en un viaje de más de una hora, recibiendo el viento en la cara. Yo sentía que eso era súper especial. Ese es mi primer recuerdo.

¿Te acuerdas de que en ese viaje el chofer atropelló a un perro cerca de Data o de Progreso?—, pregunta Estevan.

No, responde Alejandro.

Quizás tu estabas en el otro carro—,replica Estevan.

S: No sabía que su familia tenía un restaurante en Playas. Cuéntenme sobre eso. ¿Qué es la comida ecuatoriana para ustedes?

A: Mmmh (se le dibuja la sonrisa cándida). Nuestra abuela tenía ese restaurante que se llamaba Jalisco, y quedaba en la mejor esquina de Playas. Recuerdo que en las mañanas comía seco de pollo con arroz, que para mí era muy raro. Yo normalmente comía yogur, pero ahí comía un seco o un caldito, así que para mí esos dos platos son súper ecuatorianos. También el encebollado, los chifles, el choclo frito, la yuca, que siempre me recuerda a Ecuador.

Por cierto, tú trabajaste en gastronomía. ¿Qué hacías?—, pregunto.

A: Era barista en un café en Zurich, y luego me encargué de la administración del lugar. Fue entre mis 24 y mis 28 años. Ya para ese momento la música era un proyecto paralelo, hasta que vino la pandemia y decidimos enforcarnos en la música.

Tú, en cambio, eras profesor de primaria, ¿verdad?—, le pregunto a Estevan.

E: Sí, de quinto grado, y odiaba ser profesor. Era bueno, pero no era mi pasión. Mi pasión siempre fue la música, pero en Suiza es difícil vivir de la música. Ser profesor era un camino fácil porque uno gana bien en Suiza como profesor de escuela, pero nunca me llenó. Nunca me gustó tener que ser el policía y el guía de los niños, y en general tener que trabajar con muchas personas: los padres, los profesores. Creo que siempre fui un poco antisocial, no me gustaba mucho tener contacto con tantas personas.

S: Y ahora tocas frente a miles.

E: Pero es diferente, porque me puedo esconder detrás de la guitarra y compartir mis sentimientos, pero no tengo que estar en contacto directo.

S: Mientras ustedes crecían en Suiza, ¿de qué forma mantenían contacto con Ecuador?

A: Nuestra madre era nuestro único contacto. Allá no había ninguna comunidad latina ni nada de eso. Y luego estaban las visitas a Ecuador. Recuerdo que en la casa de los abuelos había dos perros dóberman, y eso también era súper nuevo para mí. O recuerdo a nuestro abuelo diciendo palabras en quichua. Y justamente me enteré de que la palabra chuchaqui es quichua, que significa malestar, ¿verdad?

S: Sí, es una de esas palabras que están en el uso regular, como achachay, o arrarray, o ayayay.

A: ¿Qué es achachay?

S: Es un término que expresa frío. Se lo suele decir cuando se tiene frío.

A: Bueno, menciono eso porque son cositas que te quedan en la memoria, y creo que ahora, con la edad, reflexiono y me doy cuenta de que cosas así me han inspirado. También recuerdo cuando mi hermano se vino un año a Ecuador en 2008, y yo vine a visitarlo…

Perdón, ¿fue ahí cuando trabajaste en un bar? —, le pregunto a Estevan.

E: Sí, El sonero, una salsoteca. Me hice amigo de los dueños, que eran tres hermanos, y me dejaron trabajar ahí. Les pareció raro porque me decían que yo tenía un trabajo en Suiza, pero yo les dije que no me importaba, que lo hacía porque me gustaba la salsa, y ahí es donde aprendí todo sobre esa música.

(Es conocida la anécdota de cuando Estevan, trabajando en ese lugar, vio un video de un concierto del percusionista de origen mexicano Poncho Sánchez en el festival de Jazz de Montreux. Quedó impresionado y se imaginó un día presentándose allí. Hasta la fecha, Hermanos Gutiérrez ya han tocado dos veces en ese escenario).

A: Y bueno, yo lo extrañaba, y un día lo vine a visitar. Lo vi feliz, tenía dos perros, una camioneta, y yo, como hermano menor, dije wow, yo también quiero eso. Justo para esa época yo aprendí a tocar la guitarra (con tutoriales de Youtube), porque él siempre la tocaba, y para mí fue una manera de conectarme con él.

(Estevan empezó a tocar a los nueve años, luego de que su padre el regalara una guitarra, y se dedicó a las milongas y los boleros).

E: Yo recuerdo que él me contó que había empezado a tocar la guitarra, y cuando regresé luego del año en Ecuador, me mostró y yo quedé muy impresionado porque pensé que iba a tocar pendejadas, pero me quedé súper sorprendido y orgulloso de él. Y ahí fue cuando surgió la idea de tocar juntos. Todavía no había el concepto de Hermanos Gutiérrez, pero fue el origen de todo.

 

Cuando nosotros comenzamos a tocar, siempre nos imaginábamos que estábamos viajando por la Ruta del sol […] pero luego de uno o dos años decidimos hacer un viaje por Nuevo México. Fuimos a Santa Fe y ahí fue donde nos enamoramos del desierto y de ese paisaje.

S: Volvamos a Playas. Luis Alfredo Gutiérrez, nombre de bolerista. Quizá su música no sería la misma si no fuera por él. ¿Qué les evoca el nombre de su abuelo?

E: Él es nuestro héroe. Nuestro papá también tuvo cosas lindas, pero yo en mi abuelo vi a un héroe.

A: Era muy chistoso (“pero también muy severo”, interviene Estevan). Sí, me retaba cuando llegaba tarde a casa. Tenía mucho carácter, mucha personalidad. También tenía un bigote, como yo.

S: Ustedes tienen como herencia las montañas de Suiza y el mar de Ecuador, pero su música evoca el desierto como espacio geográfico y como imaginario cultural. ¿Cómo y por qué llegó a ser tan importante para ustedes?

E: Creo que fue un llamado. Cuando nosotros comenzamos a tocar, siempre nos imaginábamos que estábamos viajando por la Ruta del sol, lo cual también hicimos (lo hicieron en la camioneta blanca Ford que Estevan compró cuando vivió un año entre Playas y Guayaquil, y que es la que aparece en la portada de El camino de mi alma, su segundo disco, 2018), pero luego de uno o dos años decidimos hacer un viaje por Nuevo México. Fuimos a Santa Fe y ahí fue donde nos enamoramos del desierto y de ese paisaje. Se acabó el paisaje de la Costa y fue como que empezamos a vivir el desierto.

A: Fueron varios viajes que nos inspiraron. Una vez hicimos un comercial para una aerolínea en California (Swiss International Air Lines, 2018), nos metieron en un coche y recorrimos el desierto de Death Valley, y fue increíble. Luego yo encontré la lap steel guitar (conocida también como guitarra hawaiana, se la toca asentada en los muslos) en una tienda en California, que tiene un sonido muy desértico.

E: No la quería comprar…

A: Ajá, es que no sabía tocarla, y él me dijo no, cómpratela. Y creo que eso también nos dirigió a ese espacio desértico. Nunca fue un concepto que tuvimos pensado, solo fue algo muy natural, súper orgánico.

 

La música nos ha permitido ir a tantos lugares y conectar con gente, y eso es un regalo.

S: Otra sensación que produce su música es la del viaje. Ahora ustedes viven de viaje. ¿Qué le está haciendo eso en este momento a su música y a su vida, que quizá, de alguna forma, ahora son la misma cosa?

A: Hemos viajado mucho, a veces es demasiado, se te hace difícil darte cuenta dónde estás y estar presente, pero obviamente es un sueño hecho realidad. Fuimos a Japón, siempre quisimos ir allá, y ahora estamos en Ecuador. La música nos ha permitido ir a tantos lugares y conectar con gente, y eso es un regalo, y obviamente nos inspira cosas nuevas. La última gira que hicimos por Sudamérica nos inspiró a hacer el álbum Sonido Cósmico (2024), que tiene más elementos de cumbia y de salsa.

(Aldi, el asistente, me muestra su mano abierta para decirme que quedan cinco minutos).

S: Vivimos en una sociedad donde priman la visualidad y la palabra. Las redes sociales y los diversos productos culturales exacerban esto, pero su música es instrumental. ¿De alguna forma asumen esto como un contrapeso a esa vorágine de imágenes y discursos que nos agobian?

E: Nosotros hacemos lo que sentimos que somos capaces de hacer. Nunca nos pondríamos a cantar porque no nos nace. Lo que podemos es transmitir los sentimientos y la conexión que tenemos entre nosotros, creo que esa es la fuerza que tenemos. Nos gusta todo lo antiguo, lo vintage, y la verdad es que la música moderna no nos llama mucho la atención. Escuchamos mucha música de los sesenta y setenta, y de ahí tomamos mucha inspiración. Yo escucho más salsa y mi hermano más cumbia, pero también boleros y música antigua de Latinoamérica, Los Ángeles Negros, Sandro.

S: ¿Y de Ecuador?

A: Julio Jaramillo, que es nuestro ídolo. Nuestro abuelo nos mostró la canción Nuestro Juramento, por eso también él es súper importante. Pero no creo que estemos actuando con intención contra esa sobrecarga de información. Para nosotros también fue una sorpresa poder conectar y que nuestra música reciba tanta atención. Pero yo sí veo la lógica en que a la gente le guste tener algo individual en una experiencia, y quizá nuestra música, porque no tiene lyrics, permite que tú puedas agregarle tu experiencia. Es un viaje personal.

(Aldi me dice que el tiempo ha terminado, pero Estevan le hace un gesto como diciéndole que no hay problema, y me dice: “si tienes una pregunta más…”).

S: Tristemente, los lugares que ustedes visitaban de niños, Data, Posorja, Playas, son hoy de los más peligrosos del país. ¿Cuánta conexión mantienen actualmente con esa realidad del Ecuador?

E: El momento en que nuestro abuelo falleció (2013), para mí como que también murió Ecuador un poco, no en el sentido de querer abandonar mis raíces, porque estoy muy orgulloso de ser ecuatoriano, pero ese mundo que tuvimos de niños, murió. Mi abuela murió en 2016, pero él era el don de la familia, todo empezaba con él. Vine una vez, fui al cementerio a visitar la tumba de mi abuelo, vi a mi abuela que estaba sola, y fue muy fuerte. Después de eso, me hubiera dolido bastante regresar.

 

Nosotros estamos orgullosos de tener sangre ecuatoriana, solo que desde que los abuelos fallecieron, como que cambió algo, pero siempre decimos con mucho orgullo que somos suizos-ecuatorianos

S: ¿Todavía tienen familia allá?

E: Sí, tenemos primos, pero también ese contacto como que…

A: Nuestra mamá está en contacto con la novia del hermano de nuestra abuela, nosotros le llamamos tío Jorge. Por ella yo me entero de la situación en Playas, nos cuenta que ya no sale de su casa. En la casa de nuestros abuelos ella tuvo un restaurante chiquito en los últimos años. Ahí mataron a una persona, y eso, aparentemente, ocurre casi todos los días.

S: Hace poco pasó algo terrible en esa playa: dos tipos se metieron al mar y empezaron a disparar a gente que se estaba bañando.

A: ¡No! ¿Pero por qué?

S: Suele ser por sicariato o ajustes de cuentas entre bandas rivales.

A: ¿Y por qué pasa eso en esa zona?

S: Principalmente porque ahí está el puerto de Posorja, que es el más nuevo y moderno del país y es el que se disputan las bandas de crimen organizado para enviar droga. Esa zona, y en particular Posorja, es un pueblo que concentra todos los males del país. Hay daño ecológico porque para construir el puerto talaron una gran franja de manglar. El pueblo ha vivido siempre desatendido de las autoridades, carece de todos los servicios públicos, hay altas tasas de prostitución, de drogadicción entre los jóvenes, que consumen en los colegios esa droga que se llama H. Es un pueblo de pescadores, muchos de los cuales son obligados a trabajar con las bandas delincuenciales o han decidido trabajar para ellas. Con frecuencia hay crímenes por ajuste de cuentas, secuestros, sicariato…

(Hacen un gesto de malestar, suspiran hondo).

A: Pero, ¿dónde está la política?

S: Esa es la gran pregunta. Es tan grave el asunto que ahora mismo no hay política, ni políticos, ni fuerzas de seguridad capaces de controlar todo eso.

A: ¿Y tú cómo lo ves? ¿Va a mejorar?

S: Creo que es muy temprano para decirlo. Me parece que estamos viviendo el inicio de lo que México vivió hace 25 años o Colombia desde hace 60 años. Ecuador ha sido un país de paso de droga, intermedio entre Colombia y Perú, y eso ahora se ha descontrolado con la presencia de bandas relacionadas con los grandes carteles mexicanos. Y como Ecuador tiene una economía dolarizada, permite más fácilmente el lavado del dinero del narcotráfico. Todo eso se ha acumulado en los últimos años, y al parecer recién está empezando.

E: Qué pena, pero gracias por explicarnos. Es la primera vez que escucho esto directamente de alguien que está aquí.

S: Qué pena también tener que contarles esto, pero es parte de la realidad, y además ocurre en la zona de donde es su familia.

A: Sí, claro, justamente ahí.

E: No hay problema, es parte de la vida. Al mismo tiempo, nosotros estamos orgullosos de tener sangre ecuatoriana, solo que desde que los abuelos fallecieron, como que cambió algo, pero siempre decimos con mucho orgullo que somos suizos-ecuatorianos.

Únete a la conversación

Tal vez te interese