La música y presencia de Gianny, el artista telonero del Cuarteto de Nos, generaron algo tan especial en el público que si ese rato nos entrevistaban a cada uno, hubiésemos dicho “El ecuador es bien del putas”.
He sido una fiel fan del Cuarteto desde el 2006, cuando sacaron su disco Raro. Hay fans del cuarteto previos a Raro y fans del cuarteto post Raro. Yo soy de los segundos. En el 2006 tenía 12 años y me sentía identificada con todas sus canciones. Me sentía rara, sin saber qué hacer conmigo, con ganas de gritarles “otra rubia tarada” a casi todas mis compañeras del colegio.
El Cuarteto fue la banda sonora de mi adolescencia, me acuerdo con una emoción enorme la primera vez que los vi tocar en vivo, en el Quitofest del 2010. Ese día cayó un aguacero, de esos que solo caen en Quito, el Itchimbía rebosaba de gente. A pesar de la lluvia y el frío, la banda tocó con una energía que me es imposible describir y el público cantó a todo pulmón cada una de las canciones de Bipolar y yo me sentí en mi elemento.
Desde ese entonces, a pesar de que mis gustos musicales se han ampliado y el Cuarteto ya no es parte de mis más escuchados, he tratado de ir a todos los conciertos que han hecho en Quito. Tocaron una vez en la explanada del Teleférico, yo estaba recién entrada a la universidad y tenía un compañero de carrera al que también le gustaba el Cuarteto. Quedamos en encontrarnos para pasar juntos el concierto. El llegó tempranísimo, con otro amigo, eran los primeros de la fila. Yo llegué unas cuantas horas más tarde con mi mejor amiga y nos colamos al primer puesto en la fila. Estuvimos en primera fila, gracias a mi compañero de ese entonces, que ahora es mi esposo.
En el 2023, el Cuarteto se reformó, salió uno de mis integrantes favoritos y con eso me pareció apropiado tomarme un descanso de los conciertos de la banda. Capaz cuando hagan una reunión más adelante pueda ir de nuevo, pensé. Pero tengo unos cuñados de ensueño, que por mi cumpleaños me regalaron entradas al concierto del pasado 9 de mayo en el Coliseo General Rumiñahui, así que una vez más, terminé en el concierto del Cuarteto.
“Nos dejó a todos sin palabras”
Gianny en un concierto en el Quito Fest 2025. Fotografía: Ana Lu Zapata, vía Plan Arteria
Aunque con todo este preámbulo pareciera que solo me interesa hablar del Cuarteto, en realidad, este texto es para hablar de Gianny, el artista ecuatoriano que fue el telonero del concierto. Había visto en redes sociales que hicieron un concurso para definir la banda que abriría el concierto, no reconocía a ninguna de las bandas que aparecían en la publicidad y nunca me enteré de quién ganó la convocatoria hasta que empezó el concierto a las 6 de la tarde (tuvo que ser matiné por el toque de queda).
De repente se puso oscuro el escenario, salieron unos cuantos músicos, entre ellos un saxofonista que para mí fue la primera señal de que venía algo bueno. Entre luces moradas y un humo semi espeso salió Gianny, su voz se robó el escenario, nos dejó a todos sin palabras, nos transportó a otra época, a una época de pasillos y JJ. Qué poder tiene la música de hacernos sentir orgullosos, identificados, parte de algo más grande.
Terminó la primera canción y nos contó: “Cuando era más chamo, mi abuelo me hacía escuchar esta música y me servía un taquito” con eso nos metió a todos en el terreno común de lo ecuatoriano, nos hizo acuerdo de las fiestas familiares, de los abuelos, de los pasillos y la rocola.
Por mi cabeza pasaron referentes locales como JJ, Máximo Escaleras y Guardarraya mezclados con el aire político de protesta de Residente. Entre canciones, no dejó de repetirnos lo increíble y único que es ser Ecuatoriano, y aunque al principio esas frases siempre me generan cringe, la música y su presencia generaron algo tan especial en el público que creo que si ese rato nos entrevistaban a cada uno, hubiésemos dicho “El ecuador es bien del putas”.
Hay algo mágico en escuchar modismos y ritmos locales, algo que pocas veces aparece en el pop-rock ecuatoriano contemporáneo, que muchas veces trata de ocultar esa identidad detrás de tendencias de otros países con más historia musical.
Escucharle decir “Que chuchas” y ver a un diablo huma en la cantina me despertó ese patriotismo que está tan desgastado por la política, el conformismo y el individualismo de los últimos años. Me sorprendió que todavía existe un hilo que nos conecta, que la música, la creatividad y la palabra tienen el poder de zurcir, por lo menos un poco, la herida gigantesca de este país dividido.
Antes de irse Gianny nos invitó a conectarnos con lo nuestro, con lo indígena, con lo afro, con el zapateo, con los aplausos, con el cacao, con el canelazo, con los Restrepo, con la vasija de barro. Nos recordó que venimos del Páramo, del trabajo en el campo, de la censura y de la lucha. Y aunque su última canción me recordó un poco demasiado a Latinoamérica de Calle 13, sus palabras me despertaron el sueño de quedarme en Ecuador.
No puedo garantizar que de ahora en adelante añada todas las canciones de Gianny a mis listas de reproducción de Spotify, pero me nace recomendar que todos añadan “Indígena” a sus listas, que se inspiren en nuestra historia y en nuestra música, que se acuerden que tenemos más cosas en común de lo creemos y que este pequeño y hermoso país que nos ha tocado, es NUESTRO.