Créditos: @visualesdesdeelkaos

Bandas Internacionales

FTC Live Al Parque: la promesa de «una experiencia inolvidable», cumplida

By Bianca Proaño

September 16, 2026

El FTC Live Al Parque celebró su primera edición en el Parque Bicentenario con un cartel variado y una promesa cumplida: una experiencia inolvidable.

“Soy muy pequeña, no lograré ver bien” es lo único que pensaba mientras trotaba desde el parqueadero hasta la entrada del festival. “¡Debí traer zapatos altos! Aunque…me hubiese dolido trotar”. Muchas personas desde la Av. Prensa bailaban al ritmo de Fruko y sus Tesos. Martin Trevy, Machaka, Miel y algunos artistas más ya se habían presentado.

Al acercarme a las puertas naranjas del Parque Bicentenario, pude ver la enorme estructura —que impresionaba al instante—, levantada gracias a muchas personas para cumplir la promesa de “una experiencia inolvidable”.

El cartel me parecía una apuesta interesante. Varios de los artistas me remontaban a diez años atrás, artistas que ya no me acompañan, pero que fueron la banda sonora de una época tan importante. El recuerdo de esa niña entrando a la adolescencia, un tanto ilusa, a veces me avergüenza, pero ese día la encontraría gritando y bailando.

No parecía, pero el terreno era enorme. Lastimosamente, el patio de comidas agotó sus recursos pronto. Bien por los negocios, y sin duda la siguiente edición habrá más opciones. Me perdí algunas veces para ingresar a mi bloque, pero fue fácil encontrar a alguien que me indicara a donde ir con una sonrisa en su rostro. Quizá en ese momento no dimensionamos realmente la magnitud del evento, pero estábamos felices con la frescura de la novedad.

Caminé mucho ese día, la contraparte de cuando debes plantarte al piso para asegurar los mejores puestos. Mis amigos y yo encontramos un buen lugar para estar lo suficientemente cerca sin ser tapadas por el mismo escenario. Tuvimos suficiente espacio para bailar con Fruko y sus Tesos, la energía subía gracias a sus instrumentos que invocaban al irresistible ritmo de la salsa.

Crédito fotografía: @visualesdesdeelkaos

Esperamos varios minutos entre artista y artista, lo necesario para el cambio de instrumentos. Acto seguido, vino Yandel Sinfónico con la Orquesta Sinfónica Nacional del Ecuador. El formato sinfónico llamaba mi atención desde que vi el video de un violinista en el concierto en vivo que se dejó llevar por la canción que interpretaba: Mayor que yo.

Bailé. Bailé mientras pensaba que a mis quince bailaba mejor que hoy, tenía menos complejidades en esos tiempos. Me sentía propia, al menos más que hoy. “Tenemos suficientes problemas como para agregarnos la vergüenza de bailar en público”, reflexionaba, tratando de darme ánimos para desinhibirme.

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Me quedé sin aliento al escuchar mis favoritas: Encantadora y Nunca me olvides. No lograba verlo a ratos, pero en esos momentos me perdía en mi cabeza. Las cuerdas me elevaban, llevándome al pasado con un tono cinematográfico: a las primeras fiestas del colegio; a las primeras borracheras que me mostraron quienes eran mis amigas que cuidaban de mí y yo de ellas; a las primeras ilusiones amorosas que se convirtieron en los clásicos “casi algo”. Dejé de sentir vergüenza por esos recuerdos, gracias a los violines y chelos que evocaban una nostalgia enternecida.

Era el turno del cantante puertorriqueño Myke Towers. Debo admitir que no conocía ninguna letra actual. Lo escuché antes de la pandemia a mis diecisiete años y, gracias a los trends de tik tok, no dejé de darle play a sus canciones como: La curiosidad, La playa, Diosa. Con las que no me las sabía, me propuse un juego, fingiría que las conocía y las disfrutaría como en los tiempos de cuarentena. Dicen “fake it till you make it” y ahí estaba Myke Towers, cantando a pocos metros de distancia.

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Era tanta la emoción que podía jurar que me veía directo a los ojos, claro que sus gafas alimentaban mi fantasía, pero mis amigos pueden testificar la magia del momento. Disfruté este show más de lo que imaginé, no necesitaba conocer de pies a cabeza al artista para ser su fan y gozar su música. Terminé agregando varias canciones a mi biblioteca después.

A continuación, fue el turno de un show muy esperado: Maroon 5. Tengo una historia grata con esta banda, que con los años, se fue enfriando. Cuando tenía doce años y estaba en plena búsqueda de los aspectos de mi personalidad, empecé a recolectar mis cosas favoritas de ese momento. Pensaba en hacer nuevas amistades y cuando charlaramos sobre nuestras cosas favoritas yo sabría que responder: Maroon 5, entre otras.

Con el tiempo dejé de seguirles el rastro, sus canciones ya no me llegaban como antes, el último hit que escuché en bucle fue Memories. Sabía que habían tocado en Quito antes, pero me desconecté tanto del sentimiento que tenía por esa banda que ni siquiera fui a verlos. No sabía qué esperar de este encuentro en el FTC Live Al Parque.

La banda arrancó con todo y sin miedo al ritmo de Harder to Breathe y la gente no dejaba de gritar. Tuvimos que cambiar el switch de español a ingles en un pestañeo, fue increíble. Adam estaba justo al frente, lograba verlo aún entre tantas cabezas y teléfonos.

Crédito fotografía: @visualesdesdeelkaos

Inevitablemente, tuve que revisitar a la niña de doce que antes llamé ilusa. Adam puso su micrófono al borde de la tarima, habíamos plantado los pies en suelo sagrado. Tomé dos fotos al apuro y me apresuré a guardar el celular para verlo en vivo, quería registrar su cara en mi cerebro. Al fijarme en sus detalles no pude evitar llorar.

Esa niña ilusa soñó tan fuerte y tan alto que podía ver con claridad los tatuajes del cuello de Adam catorce años después. La vida es buena. Maroon 5 sacó todas las memorias de quien fui y quienes dejaron de acompañarme, pero también de cuánto había crecido y quienes me abrazan ahora. 

Algo hizo clic en ese momento, fui ilusa, pero no necesariamente porque no sabía nada de la vida en ese momento. Fui ilusa porque me dejaba llevar por las ilusiones de vivir una vida emocionante, que lo ha sido.

Me veía a mí misma en el festival, sintiendo algunas pérdidas, unas un poco más recientes que otras; regresando a ciertas derrotas. Ya no veía a esa niña con ingenuidad, sino con una envidia por el asombro que cargaba. Algo de ese asombro me vendría bien hoy en día, porque sí, aunque he probado ciertas amarguras, llegué a ese día con algunas victorias también, gracias a preciosas amistades.

No tengo por qué dejar ese asombro en el fondo del cajón, puede ser parte de mis características actuales también. El festival trajo a esa pequeña a bailar y cantar, pero sobre todo trajo un gran recordatorio de la capacidad que tenemos de asombrarnos, por la nostalgia, por la novedad, por la pertenencia y el constante cambio que nos lleva a seguir reinventándonos.

El festival continuó con Lost Frequencies, abriendo paso a la pregunta: ¿Quiénes vendrán para la siguiente edición? Fue lindo recordar el pasado, pero quisiera que las voces femeninas llenen el espacio con su fuerza vital. Sería asombroso ver a Dua Lipa cantar Nuestro Juramento o junto a Don Medardo y sus players. Se vale soñar. 

Lo que es un hecho es que el FTC Live Al Parque logró un evento memorable.