Columnas

Carta de amor al vinilo

By José Miguel Dávila (DJ MIC)

January 08, 2026

A medida que es más tangible (paradójicamente) el que ya muy pocas cosas nos pertenencen, lo análogo vuelve a cobrar relevancia. Para DJ MIC los discos de vinilo no son solo relevantes; constituyen una historia de amor.

Los vi, los sentí, los olí y los escuché por primera vez a los nueve años, y fueron mi introducción a la música, que finalmente se convirtió en el camino de mi vida. Incluso antes de volarme la cabeza de adolescente con el unplugged de Nirvana, y con el video de Sabotage de Beastie Boys, estuvieron los discos de vinilo.

Había sólo unos pocos a mi alcance en dos casas distintas. Los de mis padres, que eran en su mayoría canción latinoamericana: Mercedes Sosa, Pablo Milanés, Facundo Cabral, Víctor Jara, y uno que decía “son tus perjúmenes mujer los que me sulibeyan” de un grupo nicaragüense.

Mi tía, azafata que viajaba por el mundo, tenía un tocadiscos del futuro en el que el disco giraba en el aire, además de discos de Queen y Michael Jackson, cuyos artes ya presagiaban algo intenso.

En ambos casos, el ritual que significaba escuchar los discos era todo un acontecimiento. Antes de cualquier cosa, había que lavarse las manos. Luego revisar los discos y decidir con ganas de qué estaba en ese momento. Sacarlo de su caja con cuidado, luego de su sobre interior, que en muchos casos significa descubrir otro pedazo del arte, o las letras, u otros discos de la misma colección.

Luego ponerlo en el tocadiscos fijándose bien qué lado se estaba colocando, y entonces tomar una última decisión: si se iba a elegir una canción o lo mejor de todo, que era escuchar el disco entero. Cuando empezaba a sonar, uno terminaba de regular el volumen con una perilla redonda y grande, y podías echarte y disfrutar, o hacer alguna actividad como dibujar en la que la música te acompañaba.

Esta forma de relacionarme con la música me provocaba un respeto y admiración, por la música y sus creadores y creadoras, ganas de escucharlos con atención de principio a fin, tratar de entender qué instrumentos provocan todos esos sonidos; aparte de los músicos, qué personas estaban involucradas en esa creación. Qué artistas o fotógrafos participaron en las portadas. Qué datos curiosos o secretos podía descubrir revisando el disco mientras lo escuchaba. Toda una experiencia que incluía dar la vuelta el disco cada vez que acababa un lado, y al final guardarlo con cuidado en su respectivo sobre y caja.

Desde entonces empecé a experimentar la música como una creación genial de estas obras maravillosas que te acompañaban por una hora del día y te podían hacer sentir tantas cosas, reflexionar otras, sorprenderte, viajar y energizarte. Tanto fue así que saliendo de la pandemia, cuando pensé que mi tiempo como DJ había terminado, que no estaba entiendo la obsesión de la nueva generación con un sólo género musical, habiendo tantos, o a veces con una sola canción o una parte de la misma, me sentí desconectado del mundo.

Antes de botar la toalla, volví a los discos. Desempolve mi colección casi pidiéndoles perdón, los volví a escuchar de a uno, en el maravilloso equipo que mi abuela me heredó cuando aún vivía. Y me di cuenta que ese amor que tengo por la música, sus creadores y creadoras, y todo el arte y trabajo que significa cada disco, y cómo la música es infinita y cada surco espiral de un disco nos va llevando por viajes y sensaciones, lo puedo compartir con el mundo, a través de mi colección de discos.

En cada set una nueva mezcla, sonido, scratch y posibilidades que me siguen sorprendiendo cada vez. Esto y la emoción de conocer y deleitarme con las colecciones de otros me llevaron a convocar a La Hermandad del Vinilo, para conocer otras vidas y mundos a través de sus colecciones de vinilos.

DJ MIC

Jose Davila

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