El domingo 12 de julio, cinco cantautoras ecuatorianas ofrecieron un concierto palpitante (Cantos de Altura) junto a la Orquesta de Instrumentos Andinos en el Teatro Sucre.
Una escritora muy admirada me dijo una vez que las geografías se tocan. Por más que la cordillera de los Andes se encuentre a kilómetros del océano Pacífico y viceversa, o de la Amazonía, el tacto ocurre cuando una ceniza del volcán andino viaja y cae en el estero o cuando las aguas de los páramos desembocan en los ríos amazónicos o costeros.
Nada existe de manera separada, pero demasiadas veces nos olvidamos de aquello y obedecemos a las divisiones forzadas por el Estado-nación que nos convierten en ajenos los unos a los otros. Así, la política de la indiferencia se impone sobre la de los afectos.
Por eso, en un presente en el que la lógica de la división cala profundo, no hay mejor llamado a la unión que la música que recuerda lo que nos hace comunes que, casi siempre, es lo mismo que nos hace más fuertes.
Atender el llamado de cinco cantautoras y compositoras ecuatorianas fue lo que hicimos el pasado 12 de julio quienes asistimos a Cantos de Altura, un concierto en el Teatro Sucre que celebró la convivencia en la diferencia.
Presentes desde diversos territorios, Grecia Albán (Latacunga), Ilyari (Tumbaco), Crislejany (Esmeraldas), Linda Pichamba (Peguche) e Iraiz Oviedo (Quito), conjugaron sus poderosas voces con los arreglos de la Orquesta de Instrumentos Andinos, dirigida por Benito Tayupanda, para crear una experiencia palpitante.
De izquierda a derecha: Ilyari, Crislejany, Benito Tayupanda, Grecia Albán, Linda Pichamba e Iraiz Oviedo. Foto: Juan P. Viteri (@vite83)
Señalar, aportar y transformar
Cantos de Altura fue el resultado de un proceso de investigación enfocado en identificar y poner en valor las obras de autoras presentes dentro del repertorio histórico de la OIA. Entre las conclusiones de la investigación se evidenció una gran brecha de género en la cantidad de composiciones hechas por mujeres. Para las investigadoras, sin embargo, señalarlo a modo de denuncia no era suficiente.
Al fin y al cabo, la Orquesta de Instrumentos Andinos es un ensamble único en su tipo en toda la región latinoamericana con una trayectoria que rebasa las tres décadas. Durante el auge de la música andina y latinoamericana, su creación era inminente y con el apoyo del Municipio de Quito fue institucionalizada en 1990.
En sus inicios estuvo integrada por músicos empíricos cuya escuela eran las fiestas populares. Eso explica, en cierta medida, la razón por la que han sido hombres mayoritariamente los que han integrado la orquesta, pues así es cómo —incluso hasta el presente— se organizan las festividades en las que las mujeres ocupan los roles de cuidado o acompañamiento.
De todas maneras, la Orquesta de Instrumentos Andinos es una joya de nuestro acervo cultural que mantiene vivas muchas expresiones y tradiciones. Así, pues, el afán de Ilyari, Grecia, Iraiz, Linda y Crislejany era el de aportar a ese acervo, haciendo espacio para las mujeres tanto en las composiciones musicales como en el escenario.
La Orquesta de Instrumentos Andinos, dirigida por Benito Tayupanda. Foto: Juan P. Viteri
Durante el concierto, entonces, se interpretaron obras de compositoras recuperadas en el proceso investigativo y piezas originales de las cinco artistas, adaptadas para ser ejecutadas junto a la Orquesta.
El aporte de las artistas no se trata únicamente de equiparar en número las composiciones. Más allá de eso está la reflexión de que, si la música es una forma de documentar la realidad de cada época, el panorama siempre estará más completo si las mujeres son tomadas en cuenta. Como dijo Ilyari durante el concierto: “Las warmis tenemos mucho que aportar como coautoras de nuestra historia colectiva”.
El concierto
Crislejany Preciado. Foto: Juan P. Viteri
En Radio COCOA tuvimos el honor de involucrarnos y acompañar el camino de la promoción y difusión hacia el concierto, así que sabíamos que sería algo muy especial.
Aun así, cuando las luces se apagaron para dar inicio al show, la emoción fue enorme y mucho más el asombro por la presencia sublime de cada una de las artistas, su música y sus voces.
No me imagino un mejor comienzo del show que la interpretación de Ilyari de Armas y cazuelas, una canción de su autoría dedicada a todas las mujeres que lucharon y luchan por el cuidado de la vida en nuestros territorios, ríos, lagos, quebradas, bosques y montañas.
Inaugurado el concierto, cada una de las artistas interpretó un tema de su propia autoría. Linda Pichamba cantó Ayriwa, una tierna canción de cuna en su lengua madre, el kichwa; la siguió Iraiz Oviedo con Me curé, entonada con su expresiva voz muy característica de la música criolla.
Luego, vino Grecia con Anita, una canción dedicada a una amiga cercana y a las mujeres otavaleñas; y Crislejany cerró la ronda convocando la herencia musical afroecuatoriana del Pacífico con el tema Niño Lindo. A lo largo del concierto, las artistas resaltaron que llevan consigo los territorios de los que se nutren sus músicas —música de raíz— y los pueblos que representan.
Linda Pichamba. Foto: Juan P. Viteri
Cantos de Altura, a su vez, fue una oportunidad para rendir homenaje a las cantautoras latinoamericanas como Chabuca Granda, Elizabeth Morris, Laura Murcia, Teresa Parodi y Violeta Parra, cuyo legado es necesario seguir avivando en cada generación. Oportunamente, en este punto del show apareció la Orquesta de Instrumentos Andinos.
A nombre de todas las artistas, Grecia Albán agradeció a la Orquesta por cumplir el sueño de integrar en su repertorio las composiciones de las cinco cantautoras como una semilla para que la música ecuatoriana siga germinando.
También le recordó al público que un concierto como el de Cantos de Altura es posible gracias a las políticas e instituciones culturales. “El arte y la cultura son un derecho humano y un trabajo. Trabajo que alimenta el espíritu y a la vez a muchas familias”, manifestó.
Las artistas se despidieron con un último tema de raíz afroesmeraldeña que se ha convertido en un emblema del cancionero popular ecuatoriano: Andarele. En la vibrante voz de Crislejany, la canción puso a bailar a todos los asistentes, haciendo palpable ese sueño de la convivencia intercultural y armónica que nuestras geografías anhelan.
De izquiera a derecha: Ilyari, Grecia Albán e Iraiz Oviedo. Foto: Juan P. Viteri
Un cancionero hecho por mujeres
El 22 de junio salió a la luz la convocatoria nacional ‘Cancionero popular ecuatoriano: Mujeres & Cantos de Altura’. Uno de los ejes importantes del proyecto, además del concierto, es la creación del primer cancionero creado por mujeres compositoras vinculadas a las músicas de raíz, que reunirá partituras, letras, referencias biográficas que permitan fortalecer la circulación y preservación de este patrimonio vivo.
De este modo, el cancionero se proyecta como un soporte de reconocimiento, circulación y fortalecimiento de la autoría femenina, generando nuevas posibilidades para el estudio, la interpretación y la permanencia de estas obras en la memoria sonora del país.